| Memo's profileantimalariaPhotosBlog | Help |
|
July 29 ZoilaJusto hoy, un día después de haber terminado las respuestas a los mails de este mes –en donde les digo que estoy muy bien, que me la estoy pasando de poca madre, que está papísima, que es casi casi como un día en Disneylandia sólo que sin los dogos y la coca cola helada de maquinita, que esto y que l’otro - África me despertó. Me despertó y me dijo: No mames güey, no estás en Disneylandia ca’, no es tu pinche casita con tu pinche camita... estás en África.
No quiero decir que despertó mi conciencia social o mi sed de justicia. Nel. Digo que literalmente me despertó del sueño, me puso en vigilia.
Me explico.
Cada mes, en algunos mails casi siempre al momento de terminar hacía mención de la malaria escribiendo: “un mes más y no hay malaria” u “otro mes y nada, negativo en malaria” o algo así. Este mes no lo había escrito, lo había pasado por alto. Me di cuenta de ello cuando un sonidito exótico me sacó del sueño –justo antes de despertar a quien me sueña.
Ese sonidito exótico en este despoblado provenía de mi celular. Era un mensaje proveniente de Mwanza...
Mi querida amiga Flaget, con quien estudié en Makoko el difícil idioma del Swahili me envió un SMS a la 1:40 a.m. del 9 de julio –por la diferencia horaria, en Jalisco los diputados y funcionarios estatales a esa hora probablemente aún estaban celebrando un aniversario más de la constitución estatal (sí sabías que el 8 de julio es el día de la constitución del estado y que es por eso que hay una calle y una avenida con esa fecha como nombre?) diciéndome que Zoila acababa de morir de malaria. Puta madre!!!!! Dije. Ya nos llevó la chingada. Sí, así lo dije, con todas sus letras.
Pero quién es Zoila? O por qué la menciono?
Zoila es una hermana peruana de no sé que congregación que en su sano juicio eligió venir a África a trabajar. La conocí en Makoko donde ella estudió Swahili y yo extrañé las tortas ahogadas y el limón. Ella de niña soñaba con venir al continente madre a vivir, no de vacaciones como yo o de exploradora intrépida como el Gran Livingstone –ni a tratar con esclavos o a traficar con marfil, armas o diamantes. No, ella simplemente quiso vivir en África pues era el sueño de su vida, su sueño más grande. El trabajar con chamaquitos y chamaquitas de aquí le representaba su más grande realización, su más grande logro.
En su congregación le ofrecieron la oportunidad de ir a África, a lo que ella respondió inmediatamente que sí –con una determinación que inclusive a su hermana o madre superiora sorprendió, yo por mi parte tarde cerca de 5 segundos en decir “sí” cuando chiquilín me preguntó si me lanzaba a África por tres años.
Pues bien, hace unos momentos me he enterado que cayó enferma de malaria. Dolor de cabeza, un poco de dolor estomacal, diarrea, dolor en todo el cuerpo. Revisión médica y efectivamente, tenía malaria. No sé qué medicinas le recetaron ni qué sucedió después. Sólo sé que después le vino una fiebre muy, MUY fuerte y sus pulmones colapsaron. Fin de la historia. Todo fue tan rápido como unos cuantos días.
Son aproximadamente –no hay censos oficiales por parte de los gobiernos africanos y sí muchos números de ONGs – entre dos y tres millones de niños entre un día y siete años de edad los que mueren de malaria al año en África. El número de adultos tampoco se sabe pues con la confusión entre los que mueren de tuberculosis –que es el primer indicio de algo más grave y por lo tanto no cuenta para el registro oficial de aquello que es muy serio- de lepra, de SIDA, de esto o de aquello pues no hay números confiables.
Pero que un extranjero muera de malaria sí es muy raro.
Nosotros los mzungus generalmente tenemos acceso a servicios médicos y recibimos trato preferencial en los hospitales y dispensarios médicos: A nosotros no nos hacen esperar como en la cruz verde, nos atienden en chinga pues los médicos saben que traemos la lana en la bolsa; a los locales les preguntan que con qué van a pagar los gastos generados por la revisión médica y tienen que esperar a que el huevón de la farmacia deje de ligar con la enfermera que le está poniendo con el doctor que se quiere tirar a la administradora del hospital para que les diga que ya pasaron las horas hábiles y que tendrán que esperar al turno de la tarde. Con nosotros usan jeringas nuevas y ahí abren los paquetitos; a los locales les llevan jeringas supuestamente nuevas (alguien me dijo sin que yo haya podido comprobar dicho dato que usan jeringas usadas y hervidas con los locales). A nosotros nos dan medicinas europeas o americanas, ya de perdis dentro de la fecha escrita en la cajita; a los locales les dan medicinas ya caducadas o hechas en tepito e importadas del barrio del Santuario. Y chingada madre, podemos comprar medicinas para esto y aquello pues tenemos un trabajo estable y patrocinado por alguien; los locales ganan $13,200 shillings a la semana (los que tienen un trabajo BIEN remunerado, que son los menos, MUY menos) y eso debe rendir para todos los gastos (no incluye esto los gastos médicos).
Por eso me cagué con el mensaje que recibí. Puta madre... no mames cabrón. Una amiga mía se murió de malaria. De malaria güey!!!!!!! Y yo que no tomo nada. Y ahí... justo ahí, ya no pude dormir.
Al estar con el ojo pelón, ya sin poder dormir me limité a escuchar... La noche y sus bichos y sus miles y miles de sonidos se convirtieron en ruidos. Adiós al susurro de la noche. Ese susurro se convirtió en un grito de miedo. Sólo pude limitarme a taparme apretadamente con mis sábanas y revisar que mi mosquitera estuviera bien puesta y fajada a mi colchón. El miedo a contraer malaria se convirtió en una paranoia inmensa que nunca había sentido.
Qué puto miedo ca’... malaria güey. No mames!!!!!!
Me aferré a un costalito de piel que tengo junto a mi almohada. Lo abrí y tomé algo de su contenido para tranquilizarme. Ha funcionado bastante bien pero ahora, a diferencia de los últimos meses, los zumbidos de los mosquitos retumban en mi cuarto haciendo eco.... bienvenido a África. Ya llegamos. Ya te bajaste del avión y tienes la cara como de sema.
Y sí.
En disneylandia no hay malaria y no estoy en disneylandia.
Estoy en África.
Zoila, descansa en paz. Lo mereces.
Que tu familia y amigos encuentren prontamente el consuelo ante la inmensa pérdida de su hija, hermana, tía, amiga. Amiga...
Aunque nunca lleguen a leer esto estoy con ustedes.
Memo.
En Perú.
Con ellos.
|
|
|