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May 17 Historias de MasongaMorris es un cab’ de mi edad (más o menos) el güey tiene más de 25 años seguro. Pues recuerda que cuando los hermanos llegaron a Tanzania él ya iba a la escuela. Según él en 5to o 6to de primaria. Entre 10 y 18 años según los estándares locales. No sabe su edad pues sus padres no la saben. Ignoran el año en que nació, pero saben que ese año llovió mucho. El grueso de la población de esta parte del mundo desconoce su edad.
Morris es fuerte como un toro. Está como dibujado el cab’: ni una gota de grasa, unos abdominales que cualquier modelo envidiaría, músculos hasta debajo de las orejas. Ese cuerpo se lo ha ganado no yendo al gimnasio claro, sino trabajando día a día de 7 de la mañana a 5 de la tarde. Pero ya tiene tiempo enfermo. Ha bajado muchísimo de peso y ahora no trabaja. El color de su piel es no ya negra, sino de un tono un poco grisáceo.
A principios de diciembre tiene dificultad para respirar por las noches. Sueño muy ligero y dolores en las articulaciones. Lo achaca a que ha estado trabajando mucho bajo el sol. A esto siguen dolores de cabeza, fiebres, vómito, nauseas, diarreas muy, muy fuertes, más dolores en las articulaciones, dolores y espasmos musculares. Tiene que dejar de trabajar. Se le dificulta mucho el levantarse de la cama. Toma medicamentos contra la malaria, sólo por si las dudas.
Después de dos semanas de estar así, decide ir al dispensario médico de las hermanas del verbo encarnado. Por supuesto le diagnostican malaria. Le recetan unas medicinas un poco caras para su sueldo pero que remediarían todos sus problemas. Le recomiendan tomar mucha agua. Tras otras dos semanas de tratamiento, el problema se agrava. Mucha más fiebre, cerca de los 40 grados en ciertas ocasiones, vómito e imposibilidad de moverse debido a la debilidad que un mes en cama deja en cualquier cuerpo. Otra visita al dispensario, más medicinas contra la malaria –esta vez mucho más caras que la primera dosis- beber más líquidos. Una semana y nada.
Recibe la visita amistosa de dos extranjeros que le ayudan a sentarse en la cama. Al tocarle la frente, uno de ellos se da cuenta que hierve en fiebre por lo que le obligan a levantarse y lo llevan a que tome una ducha helada, es necesario para bajarle la fiebre y que no se muera ahí. Morris no los reconoce pues la fiebre y la tos lo han debilitado muchísimo y alucina. A esta altura, morris ha perdido cerca de diez kilos. Lleva tres semanas enfermo y está como un hilo el güey.
Primer visita al hospital del distrito, del gobierno claro. Más medicinas contra la malaria, esta vez europeas, tan caras como dos semanas de su sueldo por una dosis semanal. Esto, aunque extremadamente caro, arrancará de tajo cualquier indicio de malaria en su sangre. Más líquidos. Mucho descanso y nada de sol.
Fiebre, vómito, diarrea, tos acompañada de sangre, dolores. A esta altura, morris ya no camina. No puede. Después de casi dos meses en cama, sus músculos ya presentan muestras de atrofio. El caminar le resulta extremadamente doloroso y no tiene energía para estar en pie.
Los médicos del dispensario no han podido hacer nada. Los médicos del hospital de distrito han perdido su expediente y no saben quién es o qué le pasa. Ni siquiera saben que existe.
Morris, enfermo de la situación, decide ir al hospital regional, algo así como el centro médico de occidente (sólo en nombre, no en infraestructura) justo el día que un extranjero es comisionado para ir a recogerlo a su casa y llevarlo al hospital particular que hay en Shirati. Ellos, los extranjeros, cubrirán todos los gastos que se originen de ello. Sin embargo, el blanco llega cinco minutos tarde. Morris ya se ha ido en bicicleta con su hermano al hospital. Se le busca en el pueblo mas no se le encuentra. No se sabe nada de morris en cuatro días hasta que habla y pide lo recojan en casa de su hermano. Una aldea a una hora de casa.
En el hospital le cobran el sueldo de dos meses por darle otras medicinas contra la malaria. Esta es ya la quinta dosis contra la malaria, antibióticos sumamente agresivos que le han ido matando todos los indicios de malaria junto con todos los anticuerpos naturales, está tan débil y sin defensas que es la mitad del morris que se conoce. Está listo para morir y quiere hacerlo en su casa, y así lo dice, cerca de la tumba de sus tres hijos que fallecieron por desnutrición, malaria o tifoidea antes de cumplir los dos años.
Al llegar a casa, descubren una gallina muerta en el pozo de agua…. Un aire de tranquilidad se respira en casa de morris. La gallina lo explica todo. No ha sido malaria sino brujería. Limpia el pozo de agua y se baña con agua limpia. Después de dos días morris se siente mejor. Ya puede salir un poco al sol, ya puede sentarse por sí solo. Inclusive la fiebre se ha ido y sólo queda un poco de tos, pero queda la tos, que no cesa.
Tras tres días de aparente descanso y mejora, morris cae nuevamente enfermo. No ha sido la gallina ni la brujería ni la malaria, a esta altura y después de tantos medicamentos es imposible que tenga malaria. Un médico blanco le toma una radiografía, el equivalente a cinco semanas de su sueldo y presiente que es algo más que malaria. Puede ser tuberculosis que es uno de los primeros síntomas de algo más serio.
La esposa de morris, aprovechando la visita del médico blanco, dice que siente un dolor en el pecho izquierdo. Al ser revisada se le descubre una inflamación en un ganglio, que no es sino uno de los primeros síntomas de algo más serio.
Atamos cabos… se espera que morris se haga una prueba de VIH. Pero quién le dirá lo que se sospecha? Y si el resultado es positivo… después qué? Tiene 5 hijos, su prima vive con ellos pues sus padres han fallecido de algo muy serio. No hay quién cuide a sus hijos ni a su prima… nadie sabe cómo decirle que lo mejor será que se haga un examen de VIH, pero… y después qué? No hay medicamentos paliativos. No hay subsidios para los medicamentos y tiene dos opciones: alimentar a su familia o comprar los medicamentos… sus niños hoy tienen poca comida, lo poco que morris puede proveerles.
Hace tres semanas morris empezó un tratamiento contra la tuberculosis. El gobierno provee las medicinas y lleva un estricto registro de las personas con dicha enfermedad. Necesita el tratamiento que dura ocho meses. No puede trabajar –obligatoriamente- los primeros dos meses por lo que la situación de su familia no se ve nada bien. Por el momento recibe su sueldo semanalmente pero no puede trabajar la tierra. Hoy sus hijos pueden comer. Ya después verá qué hacer.
Al parecer la tuberculosis ha disminuido su intensidad, pero no se ha hecho el examen de VIH. Al parecer no lo hará.
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Jaredy es un muchacho tranquilo. Mucho si me preguntan. Habla poco y con una voz muy débil. Es de lento caminar y tiene ojos profundos, de esos que esconden algo. Algo muy, muy profundo en su alma. Algo que ni siquiera él sabe o no lo quiere saber.
Este niño que tiene apenas 19 años llegó el miércoles por la noche, después de dos años de no haber pisado este suelo. Recuerda que en dónde nació, el lugar donde estaba su casa, hoy sólo queda un pedazo de pared roída hasta los cimientos. Recuerda el camino que siempre recorría para ir al lago a llenar las cubetas con agua para beber y cocinar. Pero hay también otras cosas que recuerda y preferiría no hacerlo.
Su padre murió de SIDA. Así de simple. De SIDA.
Su madre, infectada también, sufrió mucho los últimos días de su vida para darle algo de comer a su único hijo. No tenía tíos ni tías, ni abuelos ni abuelas. Al morir ella, Jaredy quedaría sólo, desamparado y sería un niño más de la calle, un niño sin escuela ni nada. Así de simple, sin nada.
Pero su madre no murió de SIDA. Y Jaredy lo recuerda bien.
Al morir ella, Jaredy se quedó sólo y sin nada junto al cuerpo de su madre, sólo David su amigo estaba junto a él. Entre los dos enterraron a la madre de Jaredy y él no lloró. No podía.
Los Luo, tribu de esta zona, se distribuyeron todo o lo poco que había en casa de jaredy. Esto es tuyo, esto es mío, gracias, adiós. Ellos así son, son sus costumbres y no le dejaron nada sino su soledad.
Vagó por un tiempo aquí y allá. Se fue a vivir a un monte cercano a masonga. Ahí había alguien que le conocía y le dio techo mas no alimento. Poco a poco perdió peso.
Una noche de lluvia tocó a la ventana de Sergio Pario. Estaba cubierto con una sábana y estaba famélico y deshidratado. Sergio le abrió la puerta y le dio un poco de sopa. Lo notó enfermo y lo llevó al dispensario médico a que lo atendieran. Nada por supuesto.
Varios días después regresó aun más débil. Entonces Sergio lo llevó al hospital, pero Jaredy no tenía dinero para quedarse. Alguien que trabajaba en el hospital lo reconoció y le dijo que no se preocupara, que no tendría que pagar un centavo, pero que era importante que se quedara para que lo revisaran. Tuberculosis, tifoidea, amibas, bilharzia y malaria fueron diagnosticadas ante la presencia del extranjero. No murió por muy poco... Después de algunos días salió del hospital y se fue de Masonga.
En Kenia trabajó por dos años. Trabajando en esto y aquello tuvo dinero para comer y ya. Pero no era su tierra ni si gente por lo que regresó a Masonga.
Fue este miércoles por la noche cuando llegó, como hacía varios años no lo hacía, a la ventana de Pario. Ahora no estaba enfermo, famélico ni deshidratado. Ha venido en pie, sin trastabillar ni desfallecer, pero con los mismos ojos negros con los que se fue.
Ha pedido trabajo y ha comenzado a trabajar inmediatamente el jueves por la mañana en la huerta. Y trabaja bien. Pero tiene los mismos ojos de recuerdo que con los que se fue.
El recuerda muchas cosas, aunque preferiría no hacerlo. Y recuerda que su madre no murió de SIDA.
La noticia de que su padre había muerto se corrió rápido y esto propició que algunos hombres vieran no con buenos ojos a su madre. Su madre al enviudar, trabajó en la tierra para poder cosechar algo y darle algo de comer, pero en esta tierra, no puedes ser viuda. Debes tener un hombre, de lo contrario, un hombre te tendrá.
Una noche de sábado, a la puerta de su casa donde dormía su madre enferma, alguien tocó. Es raro que alguien toque a tu puerta cuando vives entre conocidos y a esas horas todo el mundo duerme. Era un ebrio que había notado la viudez de la madre de Jaredy. Él, sintiéndose poseedor de un derecho supraterrenal para con ella, quería demostrarle a la mujer que no estaba sola, que él era hombre y que haría lo que los hombres hacen.
De lo que pasó a continuación nadie sabe los detalles, pero el pueblo entero escuchó la golpiza que el tipo le propinó a la mujer. Esa noche no pudo dormir pues le dolían hasta los huesos y al toser sangraba profusamente. Temprano por la mañana, al caminar hacia el dispensario, preocupada por el dolor y la sangre que brotaba de su cuerpo, cayó sin vida junto al camino.
Jaredy recuerda un rostro frío, inexpresivo, que lo miró a los ojos justo antes de darse la vuelta para salir por la puerta y alejarse de su casa caminando, no corriendo.
Este hombre que todavía hoy vive en masonga recibe comunión cada domingo y da su diezmo como buen cristiano. Todo mundo sabe quién es y qué hizo. Inclusive las autoridades y los párrocos lo saben. Pero nadie dice nada. Nadie hace nada. Fue otro caso más, de muchos más, de todos los que están en el olvido de la gente. Pero no todos lo han olvidado.
Al preguntarle a jaredy qué recuerda él dice que recuerda (aunque preferiría no hacerlo) el rostro de un hombre que todos los domingos recibe comunión y da su diezmo como buen cristiano y que ese rostro mató a su madre.
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Los hombres entre esta tribu (los LUO) son polígamos. Y las mujeres lo aceptan. Así es y así ha sido. A cambio de unas vacas un hombre puede hacerse de una mujer.
Mzee Marwa, el velador de la escuela por ejemplo, tiene 72 años y varias mujeres. Su más reciente (que no la última) esposa tiene 18 años y ha sido adquirida por algunas vacas y algunos chivos. Así son las cosas aquí y así han sido…
Un señor de por aquí, de esos que viven cerca de todo mundo, tuvo cinco esposas. La primera la adquirió cuando ambos eran todavía jóvenes. De la segunda a la quinta las adquirió en intervalos de cuatro o cinco años después de haber sido monógamo por diez. A la quinta esposa era todo un hombre hecho y derecho pues tenía el mínimo de mujeres para ser considerado de esa manera.
Un día, al comparar a sus cinco esposas, notó que una de ellas envejecía más que las demás. Era su primer esposa naturalmente. Hizo la cosa rápida y la corrió pues ya no quería saber nada más de ella. Ella desconsolada, lloró y pidió perdón. Lloró y pidió consuelo. Nada. Las otras cuatro mujeres le dieron la espalda y el hombre sólo se digno a golpearla para que se fuera. Y así lo hizo.
Se fue con sus hijos a una choza cercana desde donde cada día observaba al padre de sus hijos trabajar y atender a sus otras mujeres e hijos. Hasta que un día notó que ya no eran cuatro sino tres mujeres. Tal vez corrió a la segunda mujer, pero esta vez se ha quedado con los hijos. No es mal padre después de todo ha de haber pensado.
Tiempo después una mujer menos y nuevamente los hijos se quedaron con el padre. Los rumores empezaron a correr. La segunda y tercera mujeres habían muerto de una enfermedad relacionada al VIH o SIDA. El hombre tendría forzosamente el virus. Y así era. Las dos mujeres que quedaban y el hombre se sometieron a un examen de SIDA. Los tres resultados fueron positivos.
La primer mujer no lo pensó dos veces y fue al hospital a hacerse el examen. Después de 48 horas los resultados estaban listos. Ella, nerviosa, abrió el sobre donde en la hoja del resultado decía al principio de la hoja, en el encabezado, su nombre, edad y peso. En el pie de página estaban las firmas de los dos doctores autorizados que hacen este tipo de exámenes en este país. El sello del hospital faltaba, pero eso era lo de menos. En estos casos uno puede conseguir el sello fácilmente si se dirige a la farmacia del hospital o a la gerencia y discute la importancia de tener los sellos oficiales de dichos exámenes, que en estos casos pueden contener resultados sumamente importantes para la vida de una mujer viuda.
Entre las firmas y sus datos generales se encontraban los resultados. Eran negativos. Estaba salvada, no moriría de SIDA y sus hijos no quedarían desamparados.
Un morir lento para los tres que quedaban… una mujer menos… agonizar angustiante… ni una mujer más. Ya no le quedaban más mujeres al hombre éste. Sólo una ex esposa, a quién había corrido injustamente por haber envejecido. Era tiempo de pedir no sólo disculpas por la manera en que la trató, sino una segunda oportunidad. Después de todo, uno es hombre y hace lo que los hombres hacen.
El tipo este se dirigió con la primer esposa que sí, ya era demasiado vieja para esta tierra, tendría unos 40 o 45 años. Pidió disculpas y una nueva oportunidad para mostrarle cuánto la estimaba (no amaba, aquí los hombres no aman, estiman, el amor es cosa de niñas y los hombres son hombres, no payasos). Por supuesto el tipo fue mandado a la quinta chingada pues la mujer ya sabía que era portador del virus y no quería pasar por lo que millones de mujeres, hombres y niños pasan en África.
El tipo se sintió bastante triste, pues pasaría el resto de su vida solo. Y lo que él quería era únicamente un momento más con su “primer amor”, con su primer esposa, digo, para recordar buenos tiempos. Pinche vieja tan injusta se sabe que pensó.
Cuando la mujer fue corrida de su casa se volvió alcohólica para sobrellevar las penas. Alguien le dijo que el alcohol ahoga las penas. Yo creo que nadie le dijo que las penas saben nadar las hijas de la chingada. En fin. El hombre tomó esto a su ventaja.
Un buen día, llegó a la casa de su ex esposa para despedirse pues sentía que le faltaban pocos días y quería disculparse, a la manera africana, con carne y cerveza, de la manera en que la había tratado. El comer carne aquí es como para nosotros comer camarones lunares o caviar marciano. Es todo un acontecimiento social. Total. El tipo llegó con carne y cerveza para disculparse y despedirse. Comidita y cervecitas. Y más cervezas y más y muchas más. La mujer cayó en una peda inmensa digna del cervantino o del puente Guadalupe-reyes. Al despertar la mujer, con un crudonón de miedo se vio desnuda en su cama. Pensó que había perdido el conocimiento y que su ex marido la había llevado a la cama a que descansara. Y así fue pero no para que descansara. Al volverse hacia al otro lado, su sorpresa fue inmensa al ver a su ex marido junto a ella, también desnudo. Lo que tanto temió era cierto. En su borrachera su ex hombre la había tomado aprovechando su condición etílica contagiándola así del virus que la mataría lentamente.
Salió gritando a la calle, todavía desnuda. La gente la escuchó gritar y al ver salir al hombre supusieron lo que había pasado. Ella gritó y gritó que la había matado; en su lamento preguntaba por qué lo había hecho, que pensara en el futuro de sus hijos, que la había condenado. El hombre sólo tomó su sombrero y se fue a su casa con una sonrisa en los labios. Alguien me dijo que le escucharon diciendo: para que no se te olvide quién es tu esposo pendeja.
Él murió hace cerca de dos años.
Ella murió hace seis meses.
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Como soy el extranjero nuevo en Masonga, en algunas ocasiones paso como la novedad para los niños. Hay niños que inclusive sin haberme visto anteriormente saben cuál es mi nombre. Así no ha sido con Marcelino y el cachetes.
Todos los días por la tarde llegan a mi ventana desde donde los veo asomarse temerosamente. Los saludo y pellizco los cachetotes del cachetes. Platicamos un poquito en nuestro mocho swahili (ni ellos ni yo lo hablamos bien, pero nos entendemos) jugamos y nos reímos. Al cachetes lo he visto muchas veces jugar y correr. Lo he visto caerse y llorar. Lo he visto entristecerse cuando no le he dado algo que quiere pero invariablemente ríe un momento después.
Recuerdo cuando a Marcelino le hice un dibujo de él mismo, del cachetes y de mí en una hoja que estaba a punto de tirar. El cachetes por supuesto, me pidió otro dibujo. Le hice un dibujo que según mis estándares estéticos era mucho mejor que el primero: mejores trazos, mejores líneas, mejor dibujo para mí. Pero no para él.
El dibujo que le había hecho, sólo tenía al cachetes y a Marcelino. Faltaba el autorretrato. Fue con una carita de tristeza, con una nula sonrisa en su cara que me dijo que no estaba contento con su dibujo, pues bajo sus estándares, no para los míos, el dibujo estaba incompleto. Le dije que luego le hacía otro. No quedó contento con la respuesta, pues de su boca apenas salía un pequeño llanto ahogado, de esos que los niños apenas pueden contener entre labios temblorosos, mientras ahogaba su mirada en la “foto” y la sujetaba con ambas manos. Le arranqué el dibujo de las manos, no para destrozarlo del coraje ante la insolencia de un niño de cinco años, sino para completarlo. Lo senté en mis piernas y completé el dibujo teniendo al cachetes como testigo de ello.
Al terminar le extendí su dibujo, pésimo bajo mis estándares, pues mi barba no concordaba con sus dimensiones, mis piernas eran mucho más chuecas de lo que son y mis articulaciones mucho más sobresalientes. Él sin embargo sonrió al tener una “foto” de su propiedad mejor que la de su hermano. Es necesario mencionar que la de Marcelino no tenía cuerpos sino caras solamente.
Varias semanas pasaron en las que vi a Marcelino y al cachetes a diario, de lunes a domingo. Siempre a las 4 de la tarde escuchaba sus pasillos acercarse precavidamente hasta mi ventana. El cachetes siempre detrás de Marcelino, pues su hermano mayor le brindaba seguridad contra los monstruos que viven a esa edad en la mente de los niños en cualquier aldea del mundo. No fuera a salirle un monstruo al paso y entonces sí, qué haría él delante de su hermano mayor. No podría correr buscando refugio.
Pero sólo fueron varias semanas. 6 semanas. Ya no he visto al cachetes en cerca de un mes.
Cierta tarde me encontré a Marcelino caminando por la calle. Al verme me reconoció. Me saludo e hizo un ademán para que detuviera el auto en que me dirigía al lago. Claro que contra las indicaciones de vialidad del gobierno tanzano, que recomienda no recoger peatones en las carreteras y vías alternas o secundarias me detuve y lo invité a que subiera al auto. Al llegar a casa fue cuando le pregunté por qué él y el cachetes no habían venido. Al parecer mi swahili no significó eso por que me dijo que no sabía. Simplifiqué la conversación y le pregunté por el cachetes.
Me dijo que había ido a musoma con su madre. Él por el momento vivía con su abuela y dos primos. Su tía ya no está entre nosotros. Pero y el cachetes? Insistí. No sé cuándo llegue. Se fue con mi mamá a musoma, se limitó a responder.
Esa tarde platicamos, jugamos, cantamos, bailamos y vimos el llover tanzano. Marcelino se fue justo al término de la lluvia; No sé que lo inclinó a tomar esa decisión, pues a los 7 años no puedes tomar muchas decisiones, pero el hambre y el frío sí que te ayudan a clarificar la mente.
Fue cuando se alejaba caminando sobre sus pies descalzos entre los charcos que me he enterado de la historia del cachetes…
No se llama cachetes. Pero si le preguntas te dirá que se llama cachetes con una sonrisa de oreja a oreja. Vive con su madre y su hermano Marcelino; a sólo un minuto caminando de la casa de su abuela, a sólo dos minutos caminando del lugar donde puedes encontrar aquel rostro que jaredy recuerda (aunque preferiría no hacerlo). Su padre ya no vive con ellos pues los ha dejado.
No me malinterpreten. No los ha abandonado por otra familia o para emigrar a otro país. Los ha dejado en el sentido que ya no está con ellos, ni en la memoria. El murió cuando Marcelino y el cachetes eran aún muy, muy jóvenes. Inclusive antes de que nacieran o murieran.
Su madre no se ha ido. No los ha dejado pues es fuerte y lucha por ellos. Ella es lo que se conoce como “buena esposa”: sabiendo que el marido estaba enfermo ella estaría con él. Podrían llamarla “la flaca”, como aquí llaman a las personas que viven en ésta circunstancia, pero no la llamarían mala esposa. Por que como mujer, una es mujer y hace lo que las mujeres hacen con los hombres, que hacen lo que los hombres hacen. Y nadie la ha llamado mala esposa pues estuvo con él desde el principio hasta el fin.
Al leer los resultados de laboratorio provenientes del hospital de distrito (con o sin sellos no lo sé) ella estuvo junto a él, del lado derecho. Durante el embarazo de Marcelino, ellos no se separaron. Mano a mano dieron a luz a su primer hijo. Durante su agonía, ella tomó su mano para que tocara su vientre materno y conociera antes de morir al que sería su segundo hijo: el cachetes.
El cachetes es un niño muy alegre. Le gusta que le des dibujos mejores que los de su hermano. Le encanta que lo tome de los brazos y le de vueltas y vueltas hasta que al ponerlo nuevamente al suelo caiga víctima del mareo y le gustan mucho los mangos y las naranjas.
El cachetes es un niño muy alegre, pero tiene unos ojillos grandes y trasparentes que lo delatan… extraña a su padre y aunque no lo sabe, lo sabe.
El cachetes es un niño que quiere mucho a su familia que es muy unida. Y aunque su padre ha muerto, su madre, su hermano y él no se han separado nunca.
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Éstas son sólo algunas historias de las que me he enterado. Hoy es otro día y se las pude platicar.
Memo. Junto a la BBC de Londres en un radio de onda corta. Cuentas claras amistades largasCUENTAS CLARAS…
En Guadalajara mi sueldo ascendía a once mil setecientos cuarenta y ocho pesos al mes (centavos más centavos menos). El equivalente a unos 980 – 1000 dólares al mes dependiendo del tipo de cambio. No era un salario de escándalo ni de miseria; de hecho me bastaba para cubrir las necesidades propias de un adolescente en un cuerpo de 28 años. Tenía lana suficiente para comprarme un carrillo modesto, para comprarme una laptop, que hoy valoro bastante, un ipod, que ha hecho mi estancia en África totalmente diferente y pasable, conciertos, de repente darme el lujo de picharle a la banda unos tragos en la mutua, de repente comprarle algún detallito a mi carnal, etc.
Una vez, recuerdo bien, no tenía un electrodoméstico de vital importancia –léase DVD- para sobrevivir un domingo tremendamente aburrido y le dije a mi carnal, pásame la cartera, ponte tenis y vámonos. Nada más me dijo: ahora qué se te ocurrió. Me lancé a comprar un DVD con mi carnal a Fabricas de Francia, tarjetazo claro. Vimos dos súper churros gringos ese domingo.
Ir de Shoping a los Estados Unidos siempre me fue criticado. No lo hacía por fresa. Lo hacía por ahorrador. Al comprar ropa para todo el año y otros artículos que en México cuestan un ojo de la cara el viaje para ver a mi hermana me salía gratis con todo lo que ahorraba.
La pasaba bien. Muy bien. Tenía cosas que muchas personas no pueden darse el lujo de comprar o que para hacerlo, deben ahorrar un buen de tiempo y hacer bastantes sacrificios.
Sin embargo después de varios tarjetazos, de compras de pánico ante la amenaza nuclear que representa Libia y el nuevo pacto nuclear entre los Estados Unidos y la India, compras en Sears, ahorros mensuales, gastos del carro etc. las cuentas no siempre me salían. Nunca tenía crédito en mi celular, a veces no salíamos por falta de lana, de repente el borre nos pagaba las pedas pues todos andábamos súper quebrados, el chava financiaba los cigarros y yo me tumbaba un seis, un encendedor y una bolsa de hielo de la tienda para armar la fiesta. La botana siempre la ponían entre el borre y el pelu, con su cocota de dos litros y el beso de la muerte.
Así la pasaba. Sobrevivía.
Ahora veamos cómo andan las cosas por acá.
Aquí en Tanzania mi sueldo asciende a cincuenta mil shillings. Más o menos 47 dólares al mes. Sobra decir que mi sueldo es casi ejecutivo para los estándares locales. El gobierno Tanzano, que es donde la mayoría de la gente quiere trabajar pues es de lo mejor pagado aquí, paga alrededor de 80 dólares en muy buenos puestos. Total…
Hagamos cuentas…
Porcentaje del precio de algunos artículos en relación a mi sueldo en México:
Artículo Precio en Pesos Porcentaje
Cartón de Cerveza Corona $ 120 1.02145046 Torta ahogada $ 18 0.153217569 Cerveza Corona $ 6 0.051072523 Cajetilla de Camel $ 18 0.153217569 Pasta dental Colgate $ 23 0.195778005 Shampoo Pantene. 500 ml. $ 38 0.323459312 Cuenta en la Mutua(estimado por visita) $ 250 2.128021791 Tanque de Gasolina $ 390 3.31971394 Comida en el mercado de abastos $ 40 0.340483487 Comida en el mercado del mar (chelas incluidas) $ 80 0.680966973 Fin de semana en Sayulita (gas, chelas, camping, etc.) $ 1,200 10.2145046 Servicio de internet por cable (mensual) $ 250 2.128021791 Mensaje MSM celular $ 1 0.008512087 Minuto a celular (número frecuente TELCEL) $ 1 0.008512087 Tacos de Gomera con mi carnal $ 50 0.425604358 Mariscos en ALEX con mi carnal $ 150 1.276813075 Peda Barú (por cabeza, menos el borre, él pone de a 20) $ 100 0.851208716 Peda en cualquier bule de la calzada para allá (sexy incluido) $ 0 0 Salidas al Van Go/Bosé $ 0 0 Cover en Miércoles de Barra libre $ 0 0 Salidas a cantinas de mala reputación (est. mensual) $ 1,000 8.512087164 Boleto de avión GDL-DFW-GDL para visitar a mi hermana Y hacer shoping $ 5,600 47.66768812
Porcentaje del precio de algunos artículos en relación a mi sueldo en Tanzania:
1 peso = 100 shillings.
Artículo Precio en Shillings Porcentaje
Cartón de Cerveza Kilimanjaro $ 17,000 34 Cajetilla de Sportsman $ 650 1.3 Pasta dental Colgate $ 1,800 3.6 Shampoo Pantene. 500 ml. $ 4,800 9.6 Cuenta en el Tilapia Hotel en Mwanza (3 chelas) $ 7,500 15 Tanque de Gasolina $ 65,000 130 Comida en el Mara Dishes, fritangas $ 2,500 5 Comida en Restaurant de comida china. Mwanza $ 20,000 40 Fin de semana en el Serengueti (hospedaje, comida, gas, etc.) $ 260,000 520 Servicio de internet por cable (mensual) $ 65,000 130 Mensaje MSM celular $ 52 0.104 Minuto a celular (CELTEL) $ 200 0.4 Peda en el Península Hotel con Flaget y Jim $ 65,000 130 Cover frente al Península Hotel $ 500 1 Salidas a cantinas de ínfima reputación $ 0 0 Boleto de avión NBI-LHT-DFW-LHT-NBI para visitar a mi hermana y hacer shoping $ 2’455,200 4,910.4
Comparación México/Tanzania
Artículo % en México % en Tanzania
Cartón de cerveza 1.02145046 34 Cajetilla de cigarros 0.153217569 1.3 Pasta dental Colgate 0.195778005 3.6 Shampoo Pantene. 500 ml. 0.323459312 9.6 Cuenta por unas chelas 2.128021791 15 Tanque de Gasolina 3.319713994 130 Fritangas 0.340483487 5 Mariscos 0.680966973 40 Fin de semana en Sayulita-Serengueti 10.2145046 520 Servicio de internet por cable (mensual) 2.128021791 130 Mensaje MSM celular 0.008512087 0.104 Minuto a celular 0.008512087 0.4 Salidas a Cantinas de mala reputación 8.512087164 0 Enfiestarme .851208716 130 Cover en Antro 0 1 Boleto de Avión a DFW pal shoping 47.66768812 4,910.4
Estas cuentas no van para que sientan lástima y digan: “ah pobre memo, se lo está llevando la chingada”. No. Van para que la próxima vez que alguien hable de inflación, de macro o micro economía, de los gringos, de la post modernidad, de los logros de la revolución o de los sindicatos, de las políticas económicas del estado mexicano, de las desigualdades entre ricos y pobres puedan mentar madres a gusto o simplemente para cuando quieran apantallar a alguien con un poco de cultura general hablen de o usen estos números.
Tenemos muchas comodidades a las que -aquí no sólo no las imaginan, no las entienden, o viceversa- podemos acceder a ellas con un poco, muy poco, de esfuerzo. Acá las cosas simplemente no se pueden comprar.
Ejemplo rápido. Mis alumnos vieron mi memory stick y me preguntaron que qué era. Les dije que era un cigarro electrónico que no producía cáncer y que mejoraba el aliento de los fumadores. Por supuesto puse una cara de “no me crean, me los estoy cotorreando, son puras mamadas mías” Claro que me preguntaron: y cómo lo prendes?
Otro ejemplo: Al verme manejando la camioneta de los hermanos, una alumna, Neema, me preguntó que si en México la gente manejaba mucho, le respondí que sí. Me preguntó acerca de las mujeres manejando -y aunque es un tema bastante polémico y me encantaría echarle leña al fuego, no daré pauta para polemizar- le respondí que también lo hacían (¿). Y las dejan sus esposos? Qué les dice la gente a las mujeres que manejan? Me preguntó. Ya se imaginarán por dónde fue la plática, que no es el tema de hoy.
La concepción de pobreza para los occidentales viene de lo que vemos, no más. Claro que es así y así debe ser. No culpo a nadie por no darse cuenta de lo que pasa en el mundo. Pero deberíamos interesarnos un poquito más por lo que pasa afuera de nuestra casa, afuera del rancho gigante con semáforos y bicicletas -conocido como Guadalajara- en el que vivimos.
Siempre hemos visto reportajes, artículos de la pobreza en el mundo y ya. Mucha veces nos comparamos (sí, nosotros los pobres mexicanos) con otras naciones pobres en el mundo. Pero nunca tenemos parámetros reales para hacer dichas comparaciones, no tenemos herramientas para darle una dimensión tangible a lo que vemos en las noticias. Simplemente decimos, no pos sí están jodidos pero también nosotros estamos jodidos.
Antes de venir varias personas me preguntaron que por qué África y no México siendo el caso que en México también hay millones de pobres. Respondía generalmente por que la oportunidad en México no incluía salir del país y que estaba bastante “cercas” (extraño esta expresión sumamente tapatía). Respondía así pues la verdad me daba hueva explicar cómo se dio esto de venir para acá.
Hoy respondo: por que la oportunidad en México no incluía salir del país; por que estaba bastante cerca y por que no sólo soy mexicano, sino que soy humano (ciudadano global pues) y existen otros güeyes más chingados que nosotros aunque nos neguemos a creerlo o a asimilarlo y por que existen otros lugares donde pueda ayudar, poner mi grano de arena (perdón por usar una de las frases más trilladas del mundo, pero pues no se me da mucho eso de la inspiración poética cuando escribo) y por que acá aprenderé cosas que no podría aprender en Guanatos o en México (así como allá hay cosas que no se aprenden acá, cosas que no pasan acá: las bodas de mis mejores amigos, la boda de mi carnal Esaú, el cumpleaños 18 y 21 de mi carnal Pablo, que mi carnal chava deje de pistear y no esté ahí para tirarle carrilla, etc) y que me ayudarán a llevar tatuada en el alma las lecciones uno y dos; a asimilar la lección tres, etc. Por que puta madre, aquí en África las cosas están peor que en la tele, lo sabía y tenía que ser testigo de ello y hacer algo al respecto.
No soy reportero de televisa, ni de la BBC, ni de MSNBC. Soy simplemente un güey que está en África, trabajando con cabrones que sobreviven con alrededor de cien pesos a la semana (por familia) y aquí estoy, escribiéndole a mis amigos.
Desconozco los costos actuales de muchos de los artículos aquí mencionados, por lo que esto que lees carece de un valor estadístico. Son sólo números. Haz con ellos lo que quieras.
Memo. En la villa de la esperanza. Masonga Secondary School. P.O. Box 29. Shirati, Tarime. Tanzania. África del Este.
TestTú ya sabes qué hacer. Contesta las siguientes preguntas y ya…
1. – Cuando al salir de tu casa ves una gallina piensas… a) que el barzón ya invadió tu colonia pues el gobierno no atendió su pliego petitorio. b) pinches pollos, cómo le harán para sobrevivir. c) que uno de tus vecinos te está haciendo mal de ojo.
2. – Cuando te bañas… a) esperas que salga agua caliente mientras te desvistes. b) esperas que esta vez el agua no salga muy fría. c) un pinche mzungu te toma fotos pues el que te bañes en el lago es muy chick.
3. – Cuando se poncha la llanta de tu bicicleta… a) no puedes ir a la ruta Vallarta, antes de bares, hoy para hacer ejercicio. b) no tengo bici, manejo una toyota a Diesel. c) llegas tarde a la escuela y caminas cerca de cinco kilómetros para arreglarla.
4. – Cuando el tema de la conversación es el SIDA… a) hablas de los pobres del mundo que han de tener esa enfermedad, que es bien gachita. b) le preguntas al que está enfrente cuántos de sus familiares han muerto de SIDA. c) te acuerdas de tus jefes o de tus carnales.
5. – El que llueva a cántaros representa para ti… a) un terrible caos vial en donde te encuentres. b) una oportunidad para tomar buenas fotos de niños tomando agua de los charcos. c) un peligro no sólo para tu cosecha, sino para tu casa en sí.
6. – Cuando en un restaurant ves el equivalente a un dólar en el platito de la propela piensas que… a) después de todo, el servicio no estuvo tan bueno. b) después de todo, el servicio no estuvo tan bueno. c) ya la hiciste, que te dejaron el equivalente a medio día de sueldo y el servicio no estuvo tan bueno.
7. – Cuando ves una serpiente… a) ay guácala, le cambias de canal, para qué pasarán programas de esos en la tele. b) te haces para atrás, te aseguras que esté muerta y la acomodas pa la foto pa los cuates. c) después de pensar que es una enviada directa del demonio, la matas y te aseguras que ninguno de tus hijos haya sido mordido por ella.
8. – Cuando le pones crédito al celular… (doble opción) a) te pones de acuerdo con los cuates dónde va a ser la siguiente pachanga/tu plan es de contrato. b) cuándo chingados le pongo crédito al celular?/le mandas mensajes a tu carnal aunque no los reciba c) al qué?/ es navidad.
9. – Ir al lago significa… a) ir a Chapala de reventón, a ver quién y cómo maneja de regreso. b) cagarte de risa mientras los niños gritan y corren delante de la camioneta para que no los atropelles cuando bajas al lago a checar los molinos de viento. c) ir a sacar agua para beber, comer y venderla para comer y beber.
10. – Comes hamburguesas con mucha catsup… a) rara vez, prefieres comer pollo o ensaladas o tortas ahogadas o tacos o…. b) al desayuno, comida y cena por dos días. Estas en la civilización y no todos los días tienes tanta catsup ni hamburguesas. c) nunca. Como esa masa insípida e incolora llamada ugali con charales.
11. – Cuando al despertarte ves un mosquito de esos gordos, llenos de sangre piensas que… a) ojalá no te hayan picado muchos. b) ya te llevó la chingada y te va a dar malaria. Preguntas todos los síntomas por milésima vez. c) ojalá no te hayan picado muchos.
12. – El que vengan visitas a tu casa representa para ti… a) un muy buen desmadre. Total, no todos los días tienes visitas, eso merece unas chelas. b) ojalá traigan tequila y unos camel. Me llevan al serengeti con ustedes? c) matar al único chivo que tienes para que se lo coman.
13. – Cuando hablas al extranjero… a) haces reservaciones de avión, hotel y demás. b) te gastas 3 dólares al minuto y para colmo no entra la llamada. c) pides asilo en un campo de refugiados.
14. – Cuando en una oficina ves colgado un banderín del América piensas… a) que el de la oficina es igual de naco que Cuauhtemoc Blanco. b) que ojala le esté yendo bien a las águilas. Ah, qué rico era pistear en el estadio. c) que es la bandera mexicana.
15. – Cuando ves un retén policiaco… a) sabes que la policía te puede extorsionar. b) sabes que la policía te puede extorsionar. c) sabes que la policía te puede extorsionar.
16. – Cuando en un hospital una enfermera te pregunta si quieres una jeringa nueva o usada… a) piensas que estás en cámara escondida o en un programilla de esos de bromas. b) le das la jeringa nueva que llevas contigo, para evitar cualquier caso de jeringa nueva por usada. c) pides la usada, es más barata que la nueva. Además ya la hirvieron, o no?
17. – Cuando alguien habla de la última boda… a) dices que estuvo poca madre, todo mundo se empedó b) lees que estuvo poca madre, todo mundo se empedó. c) preguntas cuántas vacas pagaron por la vieja esa, por la que tú sólo pagarías 2 o 3 vacas.
18. – Cuando alguien te dice “pásame a tu hermana” tú respondes… (doble opción) a) chinga tu madre!!!!/no está, háblale al rato. b) chinga tu madre!!!!/chinga tu madre!!!! c) simón cuña’o dame seis vacas/simón cuña’o dame tres vacas y seis chivos.
19. – Cuando vas en un carro, gritas hacia afuera… a) muévete pendejo, llevo prisa. b) quita tus pinches vacas del camino o te atropello una hijo de la chingada. c) Adiós!!!!
20. – Cuando recibes correo… a) o es el recibo del cable o los estados de cuenta de las tarjetas o alguna pendejada así. b) ya pasaron dos meses desde que te lo enviaron. c) es tu familia mandándote saludos y preguntándote cómo van las cosas, quién se ha muerto o qué?
21. – El tomarte una botella de whisky te representa… a) una peda riquísima y una cruda inversamente proporcional. b) dos semanas y poco a poco. El lugar más cercano para conseguirlo está a 5 horas de aquí. c) no darle de comer a tu familia en dos meses.
22. – Cuando alguien se asoma por tu ventana… a) le hablas a la policía. b) asustas a los niños pa que no estén chingando. c) no mames, no tengo ventanas en mi casa.
23. – Comes ensalada por que… a) estás a dieta. b) las lechugas del jardín no tienen fertilizantes artificiales y saben poca madre. c) estás de visita en casa de un extranjero exótico.
24. – Comes pizza por que… a) no tuviste tiempo para preparar nada o por que es domingo o por que ves una película o… b) estás aprendiendo a prepararla a la manera italiana y por que el queso no va a durar mucho sin refri. c) estás de visita en casa de un extranjero exótico.
25. – Cuando no te gusta la comida que hay en la escuela a la que vas… (doble opción) a) como eres bulímico(a) vas a vomitar de todos modos al baño, no vaya a ser que el oler esa comida grasienta te engorde/vas a la tienda o a otra “cafe” y te chingas un gansito con un jugo de la sello rojo o unos molletes o algo pa’ pasarla. b) te aguantas el hambre, al cabo nunca comes en la escuela/fumas como loco. La nicotina suprime el hambre, aunque sea por poco tiempo. c) te organizas con los otros mil alumnos que van a esa escuela y quemas la escuela/ te organizas con los otros mil alumnos que van a esa escuela y quemas la escuela.
26. – Lo primero que piensas acerca de la fiebre de los pollos es… a) que ojalá no llegue a México o que no te contagies. Prefieres comer carne, al cabo ya nadie habla de las vacas locas. b) que es una mamada de los gringos. Van como 200 muertos en tres años y deberían hablar del SIDA y huérfanos en África u otros problemas más cabrones. Qué pasó con el SARS? Dónde están las armas de destrucción masiva, que chingue a su madre Bush. A ver qué hacen los pinches gringos sin mojados, a ver cuánto tiempo aguanta su economía sin mojarras. Pinches gringos, por que no levantan un embargo contra China o Corea del norte que también son regímenes comunistas y totalitarios como Cuba, por que nada más contra Cuba, a ver, a ver, a ver? c) no sé de qué hablas, pero los pollos y los patos que tengo afuera de la casa, los puedo preparar en un muy buen caldo, pero sólo si viene visita.
Respuestas:
No hay resultados ni características especiales por ninguna respuesta. Esta es una manera diferente y muy simple de platicarte algo. Tú saca las conclusiones de lo que te quiero decir.
Memo.
Acá y allá.
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