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March 11 Poemario 3
Sólo solemos salir solos, para parar paraguas o pararrayos, meditamos mediterráneamente mediante medias, rebobinamos bobinas o 327894
Así es. Números cifrados.
Cifras cifradas nunja camas toncadas, mlupas noc tinta.
Error de sistema. Error de sistema. Error de sistema. Errro ed ssitmea.
Las palabras bailan en la sopa mientras los sapos brincan en tu lengua.
Sigue tu camino amarillo y no encontrarás a Oz. Sigue tu humo de tabaco y Alicia con sus mil conejos vomitados* fumará con tu pipa, papa, pipo, pepo.
mi mamá me mima. mi mmaa me mmia mmmmmm iaaeia
system failure systme flraiue systmflr eaiu flmrsty aeiu
0100001001
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- DIÁLOGO -
- ?Qué es lo que vez en mi si no ves lo que veo? - Siento lo que sientes cuando te siento. - ¿Pero no me escuchas escucharte escuchando? - … - ¿Acaso puedes olerme? Olerte? Olernos? - … - Por el amor de Dios. ¿Gustas? Gusto? Gustamos? - … - Llora. Así tus ojos verán, tu nariz olerá y tu lengua gustará. - … - …
Ellos por supuesto no tenían manos. Nadie ha tocado nada, nadie ha tocado nada.
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32 = 3 + 2 = 5 87 = 8 + 7 = 15 = 1 + 5 = 6 43 = 4 + 3 = 7 1996 = 1 + 9 + 9 + 6 = 10 + 9 + 6 = 19 + 6 = 25 = 2 + 5 = 7 1 + 6 = 7 9 + 1 = 10 = 1 9 + 8 = 17 = 8
Por eso me gusta el nueve. Pues no influye en los números. Es altivo e indiferente. El nueve debería ser una letra, no un número.
El mundo de los números está lleno de contadores e ingenieros y otros oficios. Pero nadie rinde culto al nueve. Cuando tuve 27 años lo olvidé. Lo obvié.
Espero recordarlo a los 36, a los 45, 54, 63, 72, 81, 90, 99, 108, 117… Y si el nueve es verdadero nueve… ahí lo veré.
Sin que me vea.
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Hoy me pasó algo muy curioso. Al cepillarme por la mañana descubrí una idea sobre el peine.
Estaba muy triste esta idea pues la noche anterior durante su sueño me he cepillado nuevamente y en ese cepillado le he arrancado todas sus amigas y conocidas, la he dejado sola.
Le he prometido nuevas ideas, una nueva familia y más y mejores amigas. Pero nada. He cepillado y nada. No ha surgido nada.
He colocado esta idea frente al espejo, junto a mi peine. Creo que ahí vela a sus amigas perdidas. Creo que he condenado a esta idea a una perpetua soledad.
Esta mañana mi idea se ha perdido, la he buscado inclusive bajo mi almohada. Y nada. No ha surgido nada.
Creo que me ha abandonado. La última idea que he tenido. Solos andaremos ella y yo. Solos y sin ideas.
Tres días después de su desaparición, mi única idea ha regresado. Lo ha hecho empapada en sopa. Creo que vio los miembros de sus amigas ahogadas en un plato. Les ha llorado pues donde deberían estar sus ojos sólo hay dos lágrimas. Creo que lloró sus ojos para ya no llorar. No ha dicho nada al volver, pero al ver el lugar donde deberían estar sus manos he visto una A y una T.
Hoy me ha despertado el inodoro. Alguien ha accionado su mecanismo, no he sido yo, obviamente. Ha sido mi idea quien se ha suicidado. Junto al retrete he visto la A y la T no hubo nota para leer póstumamente, pero sé que se ha suicidado en el remolino de agua para morir en el mar de las ideas al que nos lleva el retrete, en ese mar flotan todas las ideas de todos los tiempos, que han quedado solas. Digno funeral para una idea sola en un mar de plata.
Hoy he despertado, ya una semana después del suicidio anunciado de mi idea. He encontrado una cajita de fósforos junto al espejo. No hay huellas digitales pero sé que ahí dormía. He encontrado sus pantuflas. Son muy cómodas y afelpadas, pero no me calzan. Creo que antes de morir mi idea tuvo frío… y extrañó sus pantuflas.
Hoy por la mañana, al estar junto a la ventana enfermándome de aire enfermo (¿Alguna vez has leído sobre el aire enfermo? Yo sí) Vi pasar corriendo a mi idea de sur a norte, no me ha visto, pero así lo ha querido. Creo que me alegró verla vivita y corriendo, aunque no pude evitar un aire de nostalgia, tal vez contagiado por ese aire enfermo, al verla sin necesidad de mí, pues yo necesito de ella. Ella era, por decirlo así, mi idea. Ahora se vende por la calle. Y sin sus pantuflas que hoy atesoro junto a mi librito de cabecera.
Hoy por la mañana, después de la lluvia, he visto en el reflejo de un charco urbano el rostro de mi idea. Al levantar la vista noté que era sólo un árbol infestado de hormigas, tal vez haya decidido tomarse unas vacaciones pues ya hace un buen tiempo no la he visto y ya he revisado todos y cada uno de los charcos urbanos, inclusive bajo los desagües.
En sus pantuflas ha germinado un moho verde y oloroso. Qué bien cuidadas estarían si ella estuviese aquí con ellas.
Ayer domingo salí al campo. He visto germinar de una semilla un bello arbolito de múltiples hojas multicolores con muchos pajarillos en sus ramas. En su único fruto había muchas ideas, miles de ideas, cientos de ideas. Intenté robar el fruto y llevarme todas esas ideas en mi bolsillo derecho. Pero en mi bolsillo derecho llevaba unos cigarrillos y la cajita de fósforos en que estaban sus pantuflas. Intenté entonces mi bolsillo izquierdo, pero en mi bolsillo izquierdo llevaba la culpa de haber cepillado de mi cabeza la única idea limpia e imperecedera que de mi cabeza había brotado.
No tuve el valor de comerlo, sólo tuve el valor de quedarme sin ideas.
Y sin ideas me quedé.
Poemario 2
Hoy he caminado la senda que tantas veces recorreré por última vez. No la he reconocido.
Quizá me resulte extraña debido a mi lento movimiento.
A mi edad los movimientos son ya mucho más lentos que aquellos de un muchachillo de treinta o treinta y cinco años.
Creo que con esta edad a cuestas como dirían los ensayistas o poetas… no… los poetas utilizarían huesos o venas en lugar de “ a cuestas…” en fin, a esta edad uno sólo se limita a ver el cantar de las aves, el artrítico andar de las hormigas o el vómito alado en que las crisálidas se transforman.
Sólo éstas llevan el mismo lento andar y respirar.
Sólo a éstas podemos seguir paso a paso como si se tratara de un episodio más de nuestro programa favorito…
Recuerdo mi control remoto: era negro y ligero. Tenía una superficie lisa y quebrada, como la piel de mi pullover comprado en Buenos Aires, una ciudad que me resulta extraña.
Tal vez me resulte extraña debido a mi lento caminar.
A mi edad uno pierde fácilmente el hilo de las ideas.
No es fácil jovencito, andar por ahí, con trescientos cuarenta y cuatro meses en las venas o en los huesos o a cuestas o en las bolsas o en las manos o en los ojos o en la cara o en la memoria… en la memoria…
Hoy he caminado la senda que tantas veces recorreré por última vez. Y no la he reconocido.
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Hoy la he llamado señorita… Ofrezco mis sinceras disculpas… No lo sabía… Es que… Yo…
A mi me ha dado por llamarlas señoritas… Aun cuando he querido decir mi puta… Un nombre común que yo he… Más me vale quedarme callado… Sin embargo siento que… Tal vez debería… Aun contigo… Callar…
Creo que te he llamado mi puta… Te vi llorarle a tu almohada… Susurrarle al oido alguna palabra… Algún secreto obsceno fugaz… A pesar de… Saberlo lento… Callar…
Es momento de partir… Allá y acullá… Muy lejos… Shhhh…
Si pudiera versar como tu estómago… Si me atreviera a olvidar… Si acaso te viera… No lo podría… No creo… Callar…
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Creo que el papel de un lápiz es muy importante para los hombres.
Nos permite tomar y tener el control, nos permite borrar y bocetar, escribir y tachar, golpear y agarrar, susurrar e incluso callar.
Pero la vida de un lápiz es muy triste. Triste en realidad. Muy, muy triste. Tan triste como la de alguna estrella fugaz.
Poco a poco se extingue, poco a poco se hace más viejo, más pequeño, más… más madera y menos lápiz.
Toma un lápiz y escribe, no un bolígrafo, ellos, los bolígrafos son clones de nuestros lápices.
Toma un lápiz y escríbelo, mutílalo poco a poco con su veraz verdugo: el sacapuntas.
Creo que los poetas y los doctores le han dado más importancia al lápiz que al sacapuntas.
Sin sacapuntas el lápiz entra en coma. Sin sacapuntas el lápiz es sólo un madero.
Toma un lápiz y escríbetelo, pero besa a tu sacapuntas, pues con él Dios escribió el Libro del universo, el Libro de tus sueños.
Mi fiel amigo olvidado. El sacapuntas junto a mi tintero.
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No sólo presiento lo que va a suceder. Sé lo que en unos segundos va a ocurrir.
Poco a poco apretaré el reflejante metal y poco a poco la puerta cuyo color es negro rechinará.
Ese rechinar me mostrará un nuevo mundo sin nada, sin cosas, sin aire ni lamentos.
Dejaré, si decido cruzar la puerta, dos sillas atrás.
Ocuparé un espacio en el vacío salón y entre dos ventanas miraré atrás para darme cuenta que las sillas aun se encuentran donde las dejé
Hoy no es un día soleado. De esos que me gustan.
Debería saberlo.
Es mejor dejarlo todo atrás y volver a empezar.
¿Rechinará la puerta esta vez? Sé que lo hará. Y las sillas quedarán atrás.
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Eso es lo bonito de lo bonito. Que sólo es bonito.
Y eso es lo bonito del agua, que sólo es agua.
Un ave es plumas, garras, pico, parásitos. Un gato es misterio y pelos y saliva.
Un árbol es movimiento y libertad y hojas y tierra.
Uno no es uno sino el reflejo de uno en el espejo de la chapa de nuestra puerta.
Pero el agua es sólo agua. No es oxígeno ni hidrógeno ni carbono ni putonio (sí, putonio)
Lo bonito de África es eso, que el agua es sólo agua, que el chorrito de agua sale poco a poco por mi regadera.
Muy húmeda, muy agua.
Y eso es lo bonito.
Que abro mis ojos y es sólo eso.
Un chorrito de agua. Poemario4 de marzo del 2006. ****************************
Los días soleados no son como me gustan.
A mí me gustan cuando son grises cuando son húmedos y fríos. Los días soleados deben ser callados, silenciosos, inmóviles.
Aquí sin embargo, los días no son soleados. Y me gustan.
El aire es limpio y sólo huele a limpio, a enfermedad y a soledad.
Pero deberían ser más callados.
Escucho las aves, el agua, las huellas del ganado…
Y deberían ser más callados.
Así es como deberían ser mis días soleados.
Sin ruidos ni gente y sin recuerdos ni memoria y muy, muy callados.
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A Juan Pablo, mi hermano.
Es muy filosa. Son muy filosas para ser exactos con el relato. Brillan al reflejo del sol. Puedo enterrarlas lentamente, deslizarlas por toda la superficie de mi cuerpo, hasta que no haya marcha atrás, hasta que ningún doctor o brujo pueda salvarme.
Para enterrarlas lentamente necesitaré dos manos. Las tengo. Puedo hipnotizarlas y cometer el pecado mortal del suicidio.
Las herramientas las tengo pero…
Es tan fácil cometer el suicidio, dista de nosotros, de nosotras sólo un metro entre las navajas dulces y nuestra carne, pero…
El agua hierve, las pompas de jabón están listas, pero…
No. No podré suicidarme. No me pertenezco. El dueño de mí, ya lo ha decidido y no se dejará hipnotizar. Solamente leerá, muy indiferentemente Gillette mientras juega con los fósforos antes de encender un cigarrillo…
Creo que una noche escuché a mi barba susurrarme al oído estas palabras. Debe haber sido el opio. Mi barba por supuesto no habla castellano. Habla el lenguaje propio de las barbas y los bigotes.
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Por cierto…
Es en estos días soleados cuando resulta imposible mudar los dientes.
Se aferran a las húmedas encías.
Creo que los dientes saben que cuando hay nubes de lluvia, nubes de nublado pueden morir y ahí se entregan hasta el último anhelo de destreza.
Resulta incansable el cepillarlos. No cederán.
Las nubes de nublado y los dientes de desayuno, creo, son amantes distanciados y su reconciliación tendrá que esperar, por lo menos a que acabe esta historia.
Punto final.
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¿Han escuchado la expresión: “aire enfermo”? Yo sí.
Pues esta tarde al mirar por la ventana, he descubierto su escondite.
Me miró con ojos de temor y vergüenza, tal vez por que he descubierto su secreto y sabe que lo contaré al mundo.
Este aire es muy fácil de reconocer: huele bien, huele a limpio, tiene un tono azul grisáceo. Pero es aire enfermo.
Ten cuidado con él, pues está enfermo de nostalgia. Cuando lo huelas lo reconocerás, cuando lo veas te susurrará, cuando lo gustes te verá.
Se encuentra cerca, muy cerquita de los marcos de nuestras ventanas. Esto lo sé pues lo he visto a los ojos.
Cuando abrimos las ventanas nos golpea directamente en las narices (nuestras, no mías) y nos enferma de nostalgia.
Cuando abrimos las ventanas brinca hacia nosotros dejándonos en el suelo de bruces.
Ten cuidado con él.
La próxima ocasión que necesites abrir una ventana recuerda que el aire ahí es aire enfermo e intentará arañarte, como el jabón intenta sujetarse a nuestros cuerpos desnudos cuando nos bañamos.
Este aire enfermo te puede cortar y no hay curitas para detener su hemorragia.
Da un paso atrás y deja que caiga al vacío.
Respeta su silencio mientras se levanta e intenta acurrucarse nuevamente en nuestras ventanas para intentar eternamente contagiarnos como el jabón que intenta sujetarse a nuestros cuerpos desnudos cuando nos bañamos.
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Sólo es cuestión de tiempo… antes de que lleguen los gendarmes.
Hace sólo unos cuantos días andaba libre, libre de culpa.
Hoy… ya se acercan los gendarmes.
He cometido un homicidio… no con alevosía y ventaja, fue un accidente, pero he homicidiado a alguien.
Si guardaras silencio escucharías la sirenas que se acercan.
Será infructuoso explicar mi homicidio, me encontrarán culpable, ahí yace el cuerpo… No sé si frío o cálido pero yace ahí a mis espaldas.
Si guardaras silencio verías el ronronear de los autos en los que vienen los gendarmes.
No sé cómo ha sucedido pero ha acontecido. Soy un homicidiador (creo que esa es la palabra que emplearán en mi juicio).
Ya hay curiosos varios alrededor de mi crimen.
Ya huele a azufre, que es así como deben oler los buenos muertos decentes, si, claro, desean un funeral pagado por el Estado.
Si guardaras silencio sentirías el correr hacía mi puerta de los gendarmes.
Ha sido muy curioso mi homicidiario, muy breve pero extremadamente eficaz.
Sólo bastó un poco de presión extra en el pulgar de mi pie derecho para que sus vísceras explotaran dentro de su vientre.
Ha sido una hormiga gigante a quien he matado. Pero debe ser hermana o hija de alguien y con esta policía no se juega.
Si guardaras silencio gustarías el aletear de las moscas que ya la comen.
Si guardaras silencio inclusive me rescatarías.
Pero mi lápiz te despierta. |
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