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December 03 Cosas que se sabenDespués de un muy buen susto todos sabemos que es bueno comer pan y no tomar agua, pues se puede derramar la bilis. Todos sabemos eso. Por eso siempre después de algún impacto de mediana o alta magnitud justo afuera de mi casa, los implicados en dichos eventos automovilísticos llegaban a la tienda a comprar un bolillo o algún pan dulce. No tomaban agua por temor a que, como la abuelita les dijo siempre, se les derramara la bilis. La vez que despedacé el carro a los 17, y me escapé del agente vial o pinche támaro como prefieran llamarlo, al llegar a casa de Liz Madera, su mamá me ofreció un whisky, no agua, por lo que el susto y el estrés mezclados con el agua podrían hacer en mi salud. Después de mi fuga del brazo de la ley y de mi llegada a Atotonilco (pueblo de los altos de Jalisco donde conté la historia del choque en múltiples ocasiones, cada una con una cerveza o tequila patrocinado por mis primos o sus cuates terminando esto en una peda para el anecdotario) mi abuela –quién chingados puede decir “no” a la abuela?- me hizo tomar no sé qué polvo mágico para evitar se me derramara la bilis. Dicho polvito tiene efectos médicos que ayudan a que la bilis no se derrame. Todos sabemos eso. Vamos, son cosas que se saben…
Una perrilla es algo que sale en uno de los párpados. Muchos creen –sobre todo cuando somos niños- que se deben a nuestra indiscreción al ver un perro cagar, echarse un cake o defecar. Los adultos por supuesto sabemos que esto no es cierto. Pero cuando alguien tiene una, sabemos que uno de los mejores remedios para eliminarla es cortar un limón y con un alfiler extraer una de sus semillas -teniendo sumo cuidado de no tocarla con nuestras manos sucias- para frotarla en la molesta y grotesca protuberancia. Todos sabemos eso. No importa qué tan molesto le resulte al enfermo el que la mamá le sujete la cabeza y los párpados y los frote con una semillita que arde hasta la parte baja de la nuca. Esto, después de varias sesiones, pone fin a la perrilla. Todos sabemos eso. Vamos, son cosas que se saben…
Las mariposas negras que reposan en los rincones de las paredes son bastante feas. No sólo carecen de cualidades estéticas sino que además son malas. Malas a secas. Todos sabemos eso. Pero nadie ha sido suficientemente valiente para vivir con una de esas mariposillas por más de algunos minutos –antes de abrir la ventana y espantarla con una escoba- para ver cuáles son las calamidades que dichos animalillos traen consigo. Sólo sabemos que son malas y que al volar van dejando una estela de polvo que puede dañar los ojos o hacer que se caiga el cabello. Estos animalillos no son dignos de ningún rincón de nuestra casa u oficina y es mejor echarlas… por si las moscas. Todos sabemos eso. Vamos, son cosas que se saben…
Cuando nos disponemos a pelar un pepino, es mejor cortar los dos extremos, las dos puntas y frotarlas contra la carne viva del pepino para evitar que se amargue. Todos sabemos eso. Por eso cuando nos disponemos a preparar la botana justo antes del partido, novela o borrachera los pepinos son frotados en los extremos -inclusive por tan sólo unos segundos- para evitar que su sabor cambie. No lo pensamos pero damos por hecho que los pepinos antes de haber sido preparados fueron correctamente frotados en sus extremos y disfrutamos de su sabor con limón y sal (muchos comemos poco chile y preferimos hacerlo en los de barbacoa o las tortas ahogadas). Nadie pregunta el cómo fue la preparación de los pepinos pero suponemos y sabemos que fueron frotados adecuadamente es sus extremos, por eso los pepinos saben a pepino. Todos sabemos eso. Vamos, son cosas que se saben…
Cuando uno se excede en el consumo de bebidas embriagantes los resultados son bastante molestos. Las crudas son de antología sobre todo si se consumió mucho vodka. Cuando estamos crudos, uno de los mejores remedios es una michelada o una cerveza o algo. Pero no podemos tomar agua de sandía. Todos sabemos eso. El agua de sandía puede provocar algún mal al hígado, estómago, riñones o algo. Por eso, cuando alguien anda muy crudo y tiene antojo de agua de sandía, inclusive los que venden aguas frescas, recomiendan agua de otro sabor, cualquiera menos de sandía. Nadie quiere que se tuerza o se desmaye o se muera el crudo en cuestión por haber tomado agua de sandía. Todos sabemos eso. Vamos, son cosas que se saben…
Todos sabemos que Salinas mató a Colosio y que al Cardenal se lo echaron los Arellano Félix; también sabemos que si un cassette VHS (hay alguien que todavía los use?) se ve mal, tiene que ser sacado de la video casetera y es necesario darle unos golpecitos para que vuelva a funcionar; que si el control remoto de la tele no pifa, o bien apretamos los botones con más fuerza o achacamos el problema a las pilas por lo que las sacamos, las cambiamos de lado o en su defecto las rotamos sobre su eje. Esto provocará que vuelvan a funcionar (esto lo hacemos en numerosas ocasiones antes de que compremos pilas nuevas); que las películas pirata se ven mal pero dan un efecto muy similar al de estar en el cine (justo cuando en tu televisor se levanta alguien del público a comprar palomitas); que si te tomas dos litros de tequila y sales rápido al “airecito” se te sube de volada y no tiene nada que ver la cantidad que acabas de tomar para estar ebrio: es el aire lo que te empeda no el tequila. Todos sabemos eso. Vamos, son cosas que se saben...
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Los camaleones son animalitos muy pacíficos y de lentos movimientos. Pero es peligroso acercárseles pues estos poseen un algo que atrae serpientes. De hecho, si se toca, es muy probable que ese algo que tienen los camaleones se le pegue a uno y las serpientes ya no sigan al camaleón sino a la persona que lo tocó. Todos saben eso. Por eso, cuando veas un camaleón, es mejor alejarse lo más rápido posible sin mirar atrás. Los camaleones además, traen mala suerte e inclusive muerte. Cuando un camaleón ronda tu casa alguien caerá enfermo o morirá. Es por eso que la muerte se camufla, para que no la veamos acercarse… como el camaleón. Todos saben eso. Vamos, son cosas que se saben…
Las mujeres embarazadas son muy delicadas y tienen un vínculo muy especial con los niños que llevan en su vientre. Todos saben eso. Es por eso que en todo el mundo se cuida mucho a una mujer embarazada. Las mujeres en cinta –me agrada esa expresión “en cinta” pocas veces la puedo usar en una oración- no pueden consumir carne o huevos debido al vínculo que tienen con sus hijos nonatos. Si una mujer consume alguno de estos productos inclusive contra las indicaciones de sus familiares, los hijos nacerán albinos o no desarrollarán dientes. Estos son los resultados de consumir dichos productos durante la gestación. Todos saben eso. Vamos, son cosas que se saben…
La circuncisión masculina, tradición entre muchas tribus de esta tierra, se hace no con fines estéticos sino medicinales. Si un niño es circundado, no podrá bajo ninguna circunstancia adquirir enfermedades venéreas. Todos saben eso. Las personas con circunsición pueden andar como enfermera: de cama en cama sin temor a contagiarse debido a que al carecer de escroto pueden lavarse más fácilmente y el virus no tendrá ningún lugar dónde esconderse. Además, el contagio de dichas enfermedades (de transmisión sexual) no viene del hombre. Las enfermedades vienen de las mujeres, que al ser seres sin escroto, desarrollan estas enfermedades. Todos saben eso. Vamos, son cosas que se saben…
Los hombres deben tener sexo antes de casarse. Todos saben eso. Si un güey no coge antes de esa edad, no podrá tener erecciones una vez casado. Además del problema que la impotencia representaría para la salud del matrimonio, si una persona no tiene relaciones antes de casarse, después de los 15 años, corre un muy grande y serio peligro de volverse loco debido a que los fluidos que su cuerpo retiene pueden subir al cerebro dejándole incapacitado mentalmente o pendejo pues. Por eso los jóvenes andan en busca de alguien que les ayude a no volverse locos. La masturbación no sirve, pues ésta sólo aumenta el nivel de fluidos interiores y por ende, la presión que estos ejercen sobre el cerebro incrementando la posibilidad de locura. Todos saben eso. Vamos, son cosas que se saben...
El SIDA es una enfermedad mortal… si no se cuida a tiempo… y el tiempo preciso es justo después de culminado el revolcón. Todos saben eso. Es por eso que el Presidente Sudafricano, en televisión nacional, recomendó justo después de tener una relación sexual con una persona VIH positiva el duchazo de agua fría, muy fría. Esto reduce entre 50 y 75% las posibilidades de contraer el VIH. El agua fría mata el virus y si además de esto agregamos una inyección de penicilina, no habrá problemas. Todos saben eso. Vamos, son cosas que se saben…
El hombre (como género no como especie) es la mejor creación de Dios. Después de él, las vacas ocupan el segundo lugar en perfección en la creación del mundo. Ni siquiera las mujeres (chingado... las mujeres: esa creación imperfecta de Dios) pueden compararse con ellas las vacas. Todos saben eso. Por eso los Pokot del noroeste de Kenia no atan a las vacas, pues sería como atar a Dios mismo y tienen a sus vacas en plena y absoluta libertad. Es inhumano atar a una vaca –hablemos otro día de la mutilación del clítoris que ellos los Pokot aún practican, hoy hablamos de cosas importantes y humanas. Además de que todas las vacas en el mundo les pertenecen como regalo divino y se han dedicado a lo largo del tiempo a recuperarlas. Todos saben eso. Vamos, son cosas que se saben...
Los niños son seres muy indefensos y víctimas fáciles de brujos y gente mal intensionada. Todos saben eso. Por eso, a los niños de acá, se les ata un hilo alrededor de la cintura para que los brujos no puedan hacer de las suyas. Si un niño tiene un hilo atado a la cintura, será difícil que un brujo le haga mal de ojo o algún otro embrujo pertinente. No importan las condiciones salubres o insalubres de dicho hilo, lo que realmente importa es que los niños tengan su hilito bien atado a la cintura. Eso los mantendrá sanos y salvos. Todos saben eso. Vamos, son cosas que se saben...
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Aristófanes dijo... yo sólo sé que no sé nada. O fue Kant... o Kierkeegard, Nietzsche... bah, no lo sé. Yo tampoco sé nada. Pero no importa. Yo vivo en África y eso todos lo saben, vamos es algo que se sabe. Lección 4“Gracias” es una palabra muy común en nuestro lenguaje. Estornudamos y después del “salud” respondemos “gracias”; dónde queda tal calle? ... Gracias; Oye, qué hora es? ... Gracias; pásame la sal... Gracias; eres un pendejo... Gracias. A todo decimos “gracias”. Pocas veces en realidad queremos decir “gracias”. Muchas veces, creo yo, queremos decir en realidad: “te lo pedí amablemente, lo correspondiente era que accedieras a mis demandas, si no hubieras accedido a ellas, te tacharía de mamón o de hijo de puta”.
Pásame la sal por favor... No... Chinga tu madre.
Achú!!! ..... (silencio) ... pendejo.
Hey, dónde está tal o cual calle?... No te digo... pinche mamón...
Hey, pásame a tu carnal (o carnala) no?... Nel, háblale otra vez para que te conteste él (o ella) en el otro teléfono... Hijo de puta.
Ven a lo que me refiero?
En mi uso del lenguaje, pocas veces dije “gracias”. Lo sustituí por algo diferente. Creo que era más honesto que decir “gracias” sin querer decirlo.
Eh Mickey, una chela (o una yerba o un tonic o cualquier pisto) no?... chido güey.
Eh, Señor, disculpe usted mi atrevimiento (yo soy muy atrevido y pocos saben eso) sabe usted dónde putas madres queda tal calle? ... ok. Chingón.
Hey moy, una ahogada sin chile con un putero de limones con dos dorados y un hueso al lado, no?... zaz.
Pipo, mándame doce de barbacoa a la casa, no? Simón, en tres platos y con un chingo de cebolla y más limones que cebolla... sobres.
Pocas veces dije “gracias” y creo que cuando lo decía era como decir... el cielo es morado o Vergara no es un pendejo o que no chingue a su madre Calderón, es decir, diciéndolo sin querer decirlo o queriendo decir lo contrario, pues todos sabemos que el cielo no es morado, que Vergara sí es un pendejo, y que por favor, calderón chingue a su madre junto a su puto cuñado incómodo. Hoy no sé cuántas veces lo dije en realidad sin decirlo. En fin...
En los dos últimos meses se presentaron ciertas dificultades técnicas en la escuela que me habían mantenido muy a la defensiva, sin ganas de nada, indiferente ante lo que pasaba. Me valía madre si pasaba algo o nada. Me limité a irme contra las cuerdas, como un boxeador, para limitar el área por la que pudieran atacarme. No respondí. Sólo estuve en las cuerdas. Solo.
Pero ha terminado el round 1. Sonó la campana del intermedio (que no es sino el principio de algo).
En ese instante de descanso que fui dado, mis “seconds” –el güey que apoyaba a Rocky gritando en cámara lentísima mientras éste le pegaba el último mega chingadazo a Drago, el ruso mamey- se me mostraron en mi ringside, ahí a un brazo de distancia (aunque nunca he sido bueno para juzgar la distancia).
Ahí, en mi ringside, estaban la banda, mis amigos, mis hermanos, mi madre y padre. Presentes de muchas maneras, y aunque pocas tangibles (hay pocas cosas tan tangibles como el viento) muy evidentes.
Al leerlos, escucharlos, pensarlos, recordarlos, he recibido (otra vez, como cuando la lección dos) como una botellita de agua de tlacote o de “agüita alegre” (aquella que la selección argentina de fútbol tomó en el mundial del 94 y de la que se cree a partir de los videos vistos diez años más tarde, mas nunca se ha demostrado, que iban “cargadas” de algo. Chismes y conjuras contra el fútbol argentino). Me han levantado nuevamente el ánimo y me han ayudado a tenderme para el round 2.
Ahora estoy otra vez listo para pegarme otro round. Las piernas tiemblan sí, pero estoy de pie. Que venga lo que venga. No soy rocky, ni el maromero, ni julio cesar, pero sí me aviento otros dos rounds más.
La banda se mostró a mi lado justo en el momento en que me creía más solo, con más miedo. Y ahí se mantuvo sin abandonarme.
Me levantaron, me acompañaron, me recordaron lo escrito y lo no escrito, no solo me dejaron caer, sino que me preguntaron sí me iba a quedar ahí tirado en el suelo como pendejo... (cada quién se queda como puede). Me dijeron a gritos silenciosos que me levantara y que no me hiciera pendejo (cada quien se hace como puede) que no me correspondía el papel de víctima barata de novela aún más barata, que para eso eran los putos dientes... para apretarlos en los momentos cabrones en los que es necesario que la boca sangre no por los putazos que recibimos sino por lo fuerte que la apretamos para recibir estoicamente dichos putazos (Hermana... te amo, que sangre profusamente ca’!!!) pues estos nos harán cagarnos de risa en uno o tres o en diez o en mil años.
Con todo esto me di cuenta que no soy la pistola que creí ser. No soy el cabrón hijo de puta come fuego que alguna vez me sentí. No soy ni batman ni superman ni el hombre araña, chingada madre... no soy ni el pinche mata cursis de la pitaya yeyé y además de todo... no mames!!! Me di cuenta que tenía que decir “gracias” por el apoyo mostrado de nueva cuenta.
Pero cómo decir “gracias” sin que suene a: “te lo pedí amablemente, lo correspondiente era que accedieras a mis demandas, si no hubieras accedido a ellas, te tacharía de mamón o de hijo de puta”. Cómo decir “gracias” sinceramente y peor aún ¿cómo decir gracias por algo que no pedí?
Hoy aún no sé cómo se debe decir o entonar un “gracias” que sea sincero hasta los huesos. Pero si es desde adentro de donde debe de salir, pues entonces suena así: Gracias.
Gracias a los que se han mantenido a mi lado. Gracias neta, por estar ahí, indeleblemente en el viento, imborrablemente en el pie, imperturbablemente a mi lado, inclusive en la distancia, aunque nunca he sido bueno para juzgar distancias.
Gracias cabrones (y cabronas, para ser políticamente correcto).
No sabía que se mantendrían tanto tiempo ahí. Pero lo han hecho, y por ello no tengo que, quiero decir gracias. Sin rodearlo en comillas, pues ahora no es una frase, sino una idea que digo, que les digo.
Gracias.
Lección 4: No hay pedo por decir “gracias” desde adentro. Lección 4: Palomita.
Morris es SupermanCuando Louisa Lane murió en Superman II, él, superman voló tan rápido que hizo que la tierra girara en dirección contraria regresando así el tiempo para poder salvar a Louisa Lane de aquel terremoto ocasionado tal vez por uno de sus archienemigos. Superman no solo salvó a Louisa Lane sino al planeta entero (creo sin embargo que los cambios climáticos que dicho evento habría provocado serían mucho más dañinos que el terremoto mismo).
Superman salvó a la tierra nuevamente cuando Doomsday, el único cabrón que pudo darse un tiro súper chingón con él, llegó y le reventó la madre. Los dos murieron pero superman salvó a la tierra.
Superman ha salvado a la tierra más de mil veces y es una pistola el güey (a pesar de que beto diga que batman es el más chingón de todos los tiempos y es de hecho el único superhéroe sin súper poderes y el único humano que ha podido darle en la madre a superman y mil argumentos más) eso que ni qué.
Pues Morris es superman.
Morris es un ca’ de mi edad. Creo que tiene más de treinta y cinco años pues asistía a 5to o 6to año de primaria cuando llegaron los hermanos a Tanzania.
Siempre ha sido fuerte, tanto o más que un toro. Parece de dibujo. No va al gimnasio pero trabaja cerca de diez horas al día. Ha recuperado peso y su color de piel ha regresado al tono casi morado que le caracteriza.
Ya no tiene ni vómitos ni nauseas ni diarreas. Nada. Ningún síntoma.
Morris es superman.
No necesitó nunca más una ducha de agua fría y no ha alucinado nuevamente.
Ya camina e inclusive ha ido a Mwanza a comprar un reproductor de discos compactos o CD’s (anglicismo usado inclusive en Cataluña).
Aquel extranjero al que comisionaron para que lo llevara al hospital le ha visitado sólo dos ocasiones, pero han sido suficientes para darse cuenta de que morris es superman.
Morris aún no ha muerto ni está listo para morir. Aún sus hijos tienen padre por un largo rato y él así lo dice, cerca de la tumba de sus tres hijos que fallecieron por desnutrición, malaria o tifoidea antes de cumplir los dos años.
Morris es superman y superman no le teme ahora a las gallinas ni a la brujería.
Morris es superman y le ha ganado la batalla a la tuberculosis y ahora el examen de HIV parece carecer de sentido. Inclusive el dolor en el pecho de mama Fernanda, su esposa, ha desaparecido.
Al visitarle y darse cuenta que morris ha mejorado, que ahora ríe sin toser sangre, que ahora nuevamente ha trabajado su tierra, el blanco se ha dado cuenta que Morris es superman.
Todo lo que pueda decir de morris no basta para comprobar que es superman. Pero lo es. Morris es superman.
Al visitarlo por segunda vez, al verlo a los ojos y darme cuenta que tiene más ganas de vivir que nunca y de hacerlo por sus hijos y esposa, me doy cuenta que nunca ha estado más vivo que nunca, que nunca ha estado tan listo para volar a toda velocidad para hacer que el tiempo regrese y salir a la calle día a día para que su familia pueda comer, que no hay Doomsday que le parta la madre.
Morris es superman.
Y para demostrar esto, le bastó llevarme a ver su huerta.
Y ahí me llevó, caminando en medio de las papayas, de los plátanos, de sus cebollas, de sus limones reales de colima... de sus qué. ¿¿¡¡DE SUS QUÉ!!?? (dejo los signos iniciales de interrogación y exclamación para no perder ningún detalle del significado de las palabras que encierran).
Morris es superman y tiene un árbol de limones reales de colima. No tiene tortas ahogadas, ni tacos de barbacoa, pero tiene un árbol de limones.
Morris es superman y me extiende una bolsa para que la llene de limones...
Morris no ha salvado a la tierra ni le ha partido la madre a veinte mil güeyes que quieren agandallar algo o todo de la tierra, pero se ha salvado de morir y tiene un árbol de limones. Eso me basta...
“Morris es superman” me digo a mi mismo mientras con una bolsita llena de limones sonriendo me dirijo a casa por que voy a comer limones de los que inclusive soñé su olor y sabor, mas nunca pude probar, pues en mis sueños alguien me despertaba justo antes de probarlos ya cuando el olor me llegaba...
Morris es superman.
Y tiene un árbol de limones.
Estadísticas
Un sábado cualquiera del mes de julio a la puerta de nuestra casa tocó Gasto -un señor que trabaja esporádicamente con Sergio Pario. Venía con prisa y preocupado. Su hija María estaba muy enferma (sí, adivinaron: malaria) y estaba muy débil. Necesitaba atención médica y rápido. Después de un minuto de espera salimos rumbo al hospital de Shirati.
María, cuyo nombre pregunté, tenía diez meses y pesaba cuatro kilos 600 gramos al llegar al hospital. Su temperatura corporal era de 38 grados centígrados.
Ambos padres tomaron un examen de tipo de sangre para averiguar cuál de los dos era compatible con el tipo de sangre de María. Mama María donó 150 mililitros de sangre para la transfusión que el médico ordenó.
María recibió medicamentos y la sangre de su madre. Sus ojillos, aunque débiles, mostraban fuerza. Estaba muy despierta y bastante agitada. El médico me dijo que era buena señal y que la habíamos llevado muy a tiempo –achaco el que Gasto la llevara a tiempo a la experiencia que el perder a varios hijos por las mismas causas da.
Después de estar internada (sin los protocolos que muchos hospitales mexicanos seguirían) y en observación por 48 horas fue dada de alta. María se recuperó totalmente y sus ojillos, que una vez me miraron con cara de “no te angusties”, me volvieron a ver hace poco, poco después de la segunda lectura de un domingo.
Sus manitas sujetaron con fuerza mis dedos y mostraba una gran energía al mover su carita de un lado a otro con la curiosidad que los niños de esa edad poseen.
Una semana después, alguien más llegó a nuestra puerta. Esta vez no llegaron tocando sino diciendo “hodi, hodi”. Se trataba de Jared – no aquel que recuerda un rostro, alguien más. Él trabaja como jefe de albañiles en la construcción del hostel para las niñas de la escuela. Su sobrina estaba muy enferma y débil (malaria y desnutrición); respiraba con dificultad. Después de dos minutos de espera y un cambio de conductor salimos nuevamente hacia el hospital de shirati. Déjà vu.
Esa niña, cuyo nombre olvidé preguntar, tenía diez meses y pesaba tres kilos 200 gramos. Su temperatura corporal era de 37. 2 grados centígrados al llegar al hospital.
Esta vez no hubo transfusión de sangre. Sólo le dieron algunos líquidos oralmente y la pusieron en observación.
Mientras la pesaban (y su cabeza se balanceaba como con voluntad propia) sus ojillos se cruzaron con los míos. Había algo. No; mejor dicho, no había algo en esos ojillos. Faltaba algo que en los ojillos de María había percibido muy notoriamente.
Al ver cómo se balanceaba e inmediatamente después de dar el registro oficial del peso, el médico me vio fijamente a los ojos. Una mirada que no necesito describir.
Ella murió esa misma noche. Su madre dormía junto a ella.
La puerta de la casa se mantuvo silenciosa por bastante tiempo. Poco menos de dos meses. Hasta esta semana.
A la puerta se acercaba Mama maría (otra Mamá maría) acompañada de otra mujer que lloraba nerviosamente, casi histéricamente. No dijeron hodi ni tocaron a la puerta. No fue necesario. Sus respiraciones agitadas y el llanto que emitían forzaron a Pario a la puerta y a mi a tomar las llaves de la camioneta instintivamente. Solo dije, nos vemos al rato.
Después de tres minutos salimos rumbo al hospital.
Ese niño, cuyo nombre no me atreví a preguntar, tenía cinco meses y pesaba dos kilos 200 gramos. Su temperatura corporal al llegar al hospital no la sé pues el termómetro que la enfermera le retiró de la axila me quedaba muy lejos para poder leerlo.
Sobre la báscula su cabecita se movía de una manera que me resultó extremadamente familiar. Sus ojitos, que no brillaban, los había visto no hacía mucho tiempo en circunstancias sumamente similares.
Esta vez sin embargo, el médico me dijo que después de la transfusión de sangre y de los medicamentos que le administrarían estaría bien. Esta vez busqué los ojos del médico para que me dijera más con ellos que con sus palabras. El que haya evitado mi mirada me dijo más que aquella vez que me miró de una manera que sobra describir. Se limitó a levantarse de su silla y retirarse de la sala mientras me decía que tenía anemia y malaria. No me vio a los ojos cuando me dijo esto evasivamente.
Él bebe murió esa misma noche.
Al enterarnos a la mañana siguiente (justo antes del desayuno) de lo sucedido con el niño, Pario y yo nos vimos mutuamente con una cara que mostraba entre tristeza y un encabronamiento inmenso para con nosotros y las circunstancias... las circunstancias.
Si no esperaran los padres a que los niños alcancen los 39 ó 40 grados de temperatura para llevarlos al hospital, si usaran mosquiteras, si sólo comieran algo más que puto ugali y puto dagaa (charales), si... si... si...
Desayunamos en absoluto silencio.
Antes de terminar el desayuno, Pario dijo algo que no necesitamos explicar(nos) entre nosotros. Todos entendimos con nuestro silencio.
“Y esos niños en qué encuestas caben... en qué putas encuestas caben?”
Datos tomados de la revistas Time ®, Newsweek ®, The Economist ® y de la BBC de Londres.
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