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December 20 El Cepillo de DientesLos dentistas recomiendan cambiar de cepillo dental cada tres meses. Cuando vivía en Guadalajara creía que era una exageración. Nunca llevé registro de cada cuando cambiaba de cepillo dental, pero nunca, y de eso estoy seguro, lo cambié cada tres meses. Siempre esperé a que me aburriera el color del cepillo; a que se me perdiera o lo olvidara en algún hotel durante algún viaje; a que anunciaran el cepillo que pondría, después de tantas imitaciones e intentos, fin a todos los problemas bucales de la humanidad (caries, encías sangrantes, placa dento-bacteriana, etc;) a que fuera a una farmacia Guadalajara y casualmente pasara por el pasillo de higiene bucal y contara con el dinero suficiente para adquirir uno de esos aparatillos de tecnología de punta o inclusive a que el cepillo simplemente se desvaneciera en mis manos al primer contacto con la pasta de dientes.
Nunca le damos importancia al cepillo dental y si lo hacemos es muy poca. De hecho, después de unas buenas tortas ahogadas, unos exquisitos tacos de barbacoa con doble cebolla, o unos tacos de suadero simplemente acudimos a nuestro siempre fiel e inseparable amigo: el palillo de dientes. No sólo afectamos nuestras encías sino que esto generalmente lleva a que obviemos el cepillado permitiendo que nuestra boca se convierta en un festín para las bacterias que ahí viven en una interminable orgía de sabores, olores y colores.
Enjuague bucal? Sólo algunos exóticos lo usan. Preferimos hacer gárgaras con agua de la llave. Hilo dental? Nos limitamos a verlo lujuriosamente o críticamente (si la poseedora de dicha vestimenta está pasada unos kilitos de más) cuando acudimos a un balneario popular como chimulco, aguacaliente e incluso los camachos; o a algún puerto de desenfrene juvenil (Vallarta, “Manza” como dice la fresada, Mazatlán, Cancún, Acapulco para los chilangos y para los muy, muy fresas: sayulita)
Creo que los dentistas no saben de la importancia de sus consejos. Ellos lo han de hacer con el fin de mejorar la salud bucal de sus pacientes, sin embargo, están equivocados. No es la salud bucal del paciente la que buscan mejorar. Nos lo dicen para ayudarnos a mantener nuestra cordura, nuestra salud mental. Sé que suena raro y hasta ilógico que relacione un palito de plástico con unos hilitos también de plástico con nuestra cordura. Sin embargo, es cierto.
Llevo 4 meses en África. La rutina del no tener rutina me ha estado volviendo loco poco a poco, muy poco a poco. El no tener nada que hacer me ha ayudado a alucinar más de lo normal. Alucino con una tercera guerra mundial; con las pedas que mis primos se deben estar poniendo en una de las mejores cantinas del mundo: el chato, con unos buenos vodkas con jugo de toronja preparado, mmhh, delicia humana; con la lista de invitados a la fiesta de bienvenida; con las fotos que no voy a poder tomar, las que medio voy a tomar o las que voy a borrar; con las posadas, las serenatas del 10 de mayo, las pedas en la plaza de los mariachis, las putizas en el estadio cuando mis águilas le partan la madre a las chivas, el próximo descenso del atlas (un beso a Fanny, una de las pocas aficionadas que quedan del atlas) y un sin fin de cosas más… pero hoy me di cuenta que los dentistas nos han ocultado algo por mucho tiempo: están aliados con los psicólogos y psiquiatras del mundo para evitar que nos matemos unos a otros, para evitar que el mundo esté lleno de hospitales psiquiátricos. Me explico…
Llevo poco más de una semana en Karen, a 10 kilómetros de Nairobi, no pude ir ni al serengeti ni al ngorongoro, ni a Tanga ni a dar es Salaam por broncas con mi visa que todavía no está lista, a la mera estará lista esta semana, justo antes de navidad, a ver que pedo con ese papelito… en fin. Los hermanos todavía no terminan su calendario de actividades. Terminan hasta el jueves. Es por esto que no he podido ir con la calma o el tiempo necesario a la ciudad. Fui a una reunión de mexicanos que organizó la embajada en Kenia, ahí me chingué con todo el dolor de mi corazón 8 coronas, sí, las disfruté a lo grande. Fui al aeropuerto a recoger a un hermano que venía de Madagascar, fui a la agencia Mitsubishi a ver el presupuesto de un golpe a un carro y ya. Eso es lo que he hecho en los últimos 10 días. Imagina el estado de pereza mental en el que estoy inmerso, imagina el no hacer nada con cero posibilidades de expansión. Fumo en la ventana de mi cuarto pues en este edificio no está permitido fumar y pues me niego a dormir sin antes chingarme un cigarrín de perdis. No he hecho nada de nada y eso, me estaba volviendo loco, hasta que descubrí la importancia de los cepillos dentales.
En la visita express que realicé a Nairobi, fue de menos de dos horas, fui a una tienda tipo Gigante, Aurrera o Comercial Mexicana, la que prefieras, necesitaba comprar algunas cosillas: pilas, pasta dental y desodorante (que resulta sumamente difícil de encontrar, recuerda que los olores en África son muy intensos, tan intensos que se ven, la gente no usa desodorante y el bañarse, como buen hijo de vecina, cada semana si bien nos va.) Total, al momento de comprar la pasta dental nunca pensé en mi cepillo dental. Está bien me dije a mi mismo. Lo acabo de comprar antes de venirme a África. Al llegar a mi cuarto y revisar mi cepillo de dientes oh decepción. Ya está en las últimas. Digo, no es que se esté deshaciendo o que el color original ya sea indetectable, mucho menos que las cerdas del mismo parecieran haber sido atropelladas por minibús del SISTECOZOME (de esos nuevos adaptado para personas discapacitadas) ni que el cepillo haya sido utilizado por un campamento de altermundistas frente a palacio de gobierno protestantes por las detenciones ilegales del 28 de mayo, simplemente ya presenta muestras del uso del que ha sido objeto.
Al percibir que las cerdas de mi cepillo dental ya no están en las mejores condiciones para darme un servicio óptimo, empecé a divagar de todas las posibilidades de compra que tendría en Guadalajara, que me costaría trabajo o por lo menos más de 5 minutos y una muy minuciosa revisión de por lo menos dos opciones para poder decidirme entre cuál de todos los cepillos dentales comprar. O bien el que quita más placa que los demás cepillos, el que tiene mango con amortiguador, el que es para encías sensibles, el que está diseñando en Alemania para niños con dientes de leche, el que tiene cerdas cruzadas que garantizan un masaje constante a las encías mientras hace de la suyas con las encías sangrantes y las caries… etc.
Al darme cuenta que lo mejor sería comprar un nuevo cepillo dental para mantener mis dientes en la mejor condición posible sentí un gozo inmenso en mi corazón. Tendría que ir de compras. Es decir, tendría que ir a un establecimiento comercial, donde puedo comprar no solo el cepillo dental que necesito, sino un chocolate, una botella de agua, tal vez algo de comer, las posibilidades son infinitas (pero limitadas por mi presupuesto)
Creo que los dentistas nos recomiendan que cambiemos de cepillo dental cada tres meses con dos fines. Uno: para garantizar que la economía del país no se vaya por la borda y dos: para asegurarnos que tengamos ese gozo que hoy sentí por lo menos cada tres meses. Para alegrarnos por algo tan pequeño y relativamente barato como lo es un cepillo dental. Para que dejemos de asombrarnos por el internet, por el auto nuevo que la mercedes acaba de sacar pero que sólo está a nuestro alcance en alguna revista del ramo, por las nuevas tendencias Invierno-Primavera que acaba de sacar Hugo Boss, Versace o Gucci.
Tenemos que recurrir a lo sencillo. No es necesario comprar un nuevo televisor HDTV en el que podremos ver en alta resolución el nuevo capítulo de la novela, no es necesario tener el auto último modelo con asientos de piel y quemacocos, mucho menos es necesaria la tarjeta de crédito american express blue unlimited o golden para satisfacer las necesidades navideñas de nuestros familiares. Es simplemente necesario, el darnos cuenta de las pequeñísimas cosas que nos ofrece la vida para hacernos sentir diferentes, alegres.
Son las pequeñas cosas las que hacen de nuestras vidas diferentes y valiosas, pero estamos tan acostumbrados a ellas que esperamos algo colosal, algo fuera de todos los parámetros para sentir que nuestro día valió la pena.
Yo te pregunto… hace cuanto cambiaste de cepillo de dientes?
Tengo que confesar algo… soy un cerdo consumista… acabo de recordar que el mes pasado, cuando compré una pasta dental local, venia un cepillo de regalo. Sin embargo el color no me gusta, es amarillo mostaza, y el mango no tiene amortiguador ni cerdas cruzadas que garantizan un mejor cepillado. Haré lo que mejor sé hacer… voy a ir de compras, voy a ir de “Chopin” (shooping, para los delicados)
Ya me voy. Voy a elegir un cepillo dental. Recuerda que es temporada navideña y no escatimaré en gastos. Tal vez tenga que gastar unos tres o cuatro dólares. No importa. Será mi cepillo dental……… y mantendré la cordura por los próximos tres meses, o hasta que mi cepillo así lo decida.
Esta navidad regala un cepillo de dientas a quien más quieras, ellos no lo entenderán, pero tu sabrás que los habrás ayudado a mantener la cordura, e inclusive, si son casados, puede que les salves el matrimonio.
Feliz Navidad y Próspero Año nuevo.
Memo. Karen, Nairobi. Kenia. África del Este.
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