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    January 14

    Por un momento olvidé

    Por un momento olvidé que…

     

    Por un momento olvidé que es del agua de donde proviene la vida… por un momento olvidé que estaba en África… olvidé que es el Lago Victoria el segundo más grande del mundo… que en sus aguas hay un virus que produce una enfermedad llamada bilharzia… Por un momento olvidé que cualquier cuerpo masivo de agua debe llevar en su cuenta por lo menos a un centenar de vidas… creo que él también lo olvidó. Ya nunca más necesitará recordarlo. Él bien puede ser el número 101 en la cuenta infinita de cuerpos que han salido a flote, inertes, inmóviles de ese espejo de agua. Sin embargo su familia no olvidará esto nunca más… cuántas generaciones heredarán el conocimiento sobre la maldad y la bondad del agua, me pregunto mientras veo el lirio morir sobre su pecho inerte, frío, enlodado.

     

    Al acercarme la tarde del 31 de diciembre a las orillas del lago, pensaba que ese era un buen día para nadar: cerca de los 35 grados centígrados, buena brisa, buenas olas aunque no dignas del blacky y sus incontables travesías surfas, en fin, mi primer baño en el Lago Victoria. No podía esperar a adentrarme en sus aguas, esto haría aquellas palabras que le dije a Pablo antes de despedirme mucho más reales. Pero África me sorprendió nuevamente.

     

    Un pequeño grupo de niños, el mayor de ellos no alcanzaba los 12 años, y dos mujeres nos veían acercarnos al lago con todo el kit de natación: toallas, sandalias, mochilas donde llevábamos botellas de agua, Sergio inclusive llevaba sus goggles en la frente, todos listos para nadar y pasar una buena tarde en el lago.  No pronunciaron una sola palabra hasta que nos acercamos lo suficiente para estar a punto de darnos cuenta de lo que había pasado. “No pasen por aquí” nos dijeron secamente, ya vienen a llevárselo. Qué? De qué hablan le pregunté a Sergio. Nadie respondió nada. Las mujeres trataban de contener el llanto, los niños no sabían que hacer, todos se limitaban a observar.

     

    Ahí, en una playita lodosa localizada entre una península formada por piedras y el molino de viento que ayudé a poner en marcha un tiempo atrás, yacía el cuerpo de un hombre que acababa de morir ahogado en el lago. Al parecer el viento y el oleaje subieron de tono rápidamente, el hombre que nadaba no cerca de la playa, tuvo dificultad para nadar y ante el temporal, sucumbió. Se lo llevó la chingada pa que me entiendan.

     

    Lo cubrieron con lirio. Sólo esperaban que llegaran sus familiares de Shirati, a 10 minutos en carro. En carro.

     

    Una hora más tarde, ya después de que los otros se metieran al lago (aquellos que me conocen bien saben de sobra que por supuesto y bajo ninguna circunstancia me iba a meter al lago, sería sumamente irrespetuoso de mi parte no tanto del duelo de la familia, sino del lago) regresábamos a casa para la celebración de año nuevo cuando vi que llevaban el cuerpo cubierto/envuelto en unas cobijas, muy bien amarrado a la bicicleta, cuesta arriba, ahora sí, todos llorando a pulmón batido/batiente, lo que sea.

     

    Mientras llevaban a este pobre hombre, no tendría más de 25 o 30 años, olvidé por un momento que es del agua de donde proviene la vida, por un momento olvidé que estoy en África, frente al segundo lago más grande del mundo, que en él hay un virus que produce una enfermedad llamada bilharzia, que ese hombre a quien el lago había arañado con sus pequeñas olas al parecer reclamándolo como suyo mientras había estado tendido junto al lago, pudo ser el número 101 o un millón, no lo sé. Me limité a ver, a no sentir, a dejar pasar el tiempo en total ausencia de ideas o pensamientos. Me sentí ajeno a la desgracia de esta familia. Sólo pude sentir un pequeño soplo en el corazón que mostraba que había ahí una chispa de simpatía por la familia.

     

    Justo después no olvidé... recordé. Recordé que debe haber un sin número de cuerpos en la cuenta de este cuerpo de agua, que tengo aún muchas cosas por vivir, por contar, por platicar y exagerar. No voy a ser parte de ese número de infortunados.

     

    Por lo pronto espero para ir al lago, pronto. Más pronto de lo que el lago me espera, así lo tomaré por sorpresa, para que me sienta, para que me conozca, para que no me reclame como suyo.

     

    Espero no olvidar que estoy en África… frente al Victoria y que aún no he ido al índico, a nadar con mi delfín, a firmar para regresar. Apenas esto empieza… y se está poniendo interesante.

     

    Memo. Masonga, Shirati, Tanzania. África del Este. Con un calor de los mil infiernos.